Blancos ultrajes
Sergio Witz es un poeta campechano que, entre otros reconocimientos, ganó el “Certamen de poesía Tabasco 1994”. “El poeta maldito”, como algunos le llamaron, tuvo la ocurrencia –o inspiración- de escribir un poema bajo el título “Invitación. La patria entre mierda”, mismo que fue publicado en una revista del estado de Campeche, en abril de 2001.
Visto a la distancia, el contenido del poema podría resultar hasta profético, pero en ese momento se denunció como un “ultraje al lábaro patrio”, en términos del artículo 191 del Código Penal Federal.
Para que no se queden con la duda, reproduzco la parte final de lo escrito por Witz: “…me limpio el culo con la bandera y los invito a hacer lo mismo”. Aunque no pocos se ofendieron, parece que los gobiernos neoliberales se lo tomaron al pie de la letra.
A consecuencia de la denuncia, el poeta fue procesado penalmente y el caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde en octubre de 2005 la Primera Sala determinó –mediante una votación dividida- negarle el amparo a Witz, pues tres Ministros votaron a favor de la constitucionalidad del delito de “ultrajes a los símbolos nacionales”.
El caso, que desde el punto de vista jurídico es muy interesante pues atribuye “dignidad” a un símbolo patrio, como si de una persona se tratara, se debatió no sólo entre sesudos razonamientos sobre los derechos constitucionales, sino que, incluso, alguno de los Ministros se erigió en crítico literario para restarle valor al poema por su baja calidad. Este Ministro, Sergio Valls, fue más allá y dijo que el “pseudo-poema” atentaba no solamente contra la bandera, “sino contra la patria misma” (señor Ministro: ¿por qué no dijo eso cuando se aprobó la reforma energética?).
La minoría de Ministros que votaron en contra centraron sus razonamientos en la libertad de expresión y cuestionaron si el ejercicio de dicha libertad podría ameritar sanciones penales. A mí me parece claro que, sin duda, es preferible optar por los excesos de la libertad de expresión que limitar su ejercicio, aunque este caso en particular yo lo veo únicamente como una expresión artística alternativa, que puede o no gustar. Pero hasta ahí.
De acuerdo con la “Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales”, publicada por el patriota Miguel de la Madrid, a dicha ley le corresponde regular los honores a la Bandera y la ejecución del Himno. Varios artistas han sido investigados y/o sancionados porque la Secretaría ha estimado que violaron dicha ley. Es el caso, por ejemplo, de Luis Miguel, Tatiana, Jorge Muñiz, Los Tigres del Norte y hasta Miley Cyrus. Pero ninguno sufrió la severidad que Sergio Witz tuvo que soportar.
Hace un par de semanas, con motivo del “Día de la Bandera”, Televisa sacó al aire un promocional en el cual el “Toque de Bandera” es ejecutado a ritmo de cumbia, en medio de imágenes que pretenden retratar un mosaico nacional. No soy alguien que se corte las venas por una expresión popular alternativa, pero es lamentable que dicha empresa –de alcance nacional- banalice una pieza marcial que si bien no está regulada en la ley citada anteriormente, sí es parte esencial de la solemnidad en las ceremonias cívicas y militares.
En varias disposiciones del “Reglamento de ceremonial militar”, emitido por el General Lázaro Cárdenas en 1938, se da cuenta del momento en que deben ejecutarse los “toques de Bandera”.
Por ejemplo, al momento de izar o arriar la bandera en un cuartel o edificio militar. La incorporación del “Toque” a las ceremonias escolares propició que, hacia 1957, se introdujera la letra que cada lunes se canta en las escuelas.
Me pregunto: ¿qué sentimiento se habrá despertado entre los militares al escuchar que una pieza solemne era presentada en pantalla como una pista de circo? No sé, pero seguramente dicho sentimiento no dista mucho de lo que sintieron los militares que escoltaron hasta su lugar de entrenamiento en las canchas del equipo América al alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco.
Tal vez estemos en un momento de transición en el que el papel del ejército se reduzca a servir de “guaruras” a potentados e influyentes, y que los lunes escuchemos en las ceremonias escolares el “Toque de Bandera” a ritmo de cumbia.