EL CANDIDATO BICOLOR: PRIISTA VERGONZANTE
El Gregueriano: ¡Hasta su precandidato se avergüenza de formar parte de ese partido!
El 4 de marzo sirvió para demostrar de manera contundente que el candidato bicolor, Duvalin Meado es un fracaso, como fracasado está el PRI y sus gamborimbos aliados –PVEM Y P Anal-. Fue una de las muchas contradicciones que su candidatura entraña. Evidente reflejo de uno de los riesgos que el priismo enfrenta: acudir a un acto de primera importancia y carga simbólica del PRI, como “su candidato”, pero manteniendo la distancia, sin identificación con sus miembros.
Ser “candidato” de un partido del que se avergüenza formar parte. Y los priistas deberían avergonzarse de que les impusieron a un “candidato” que le da pena ser miembro del pri. En plata: es tanto el desprestigio que padece el pri y los priistas que hasta su “candidato” se avergüenza y le da pena admitir y decir que es priista –insiste en preferir ser “ciudadano”: corrupto hasta la médula, e incompetente hasta el tope, pero ciudadano, no priista-. Se presenta “ciudadano”, pero es incapaz de romper con el régimen vigente.
Uno de sus grandes problemas de bicolor Duvalin Meado y de la cúpula priista, es la ambigüedad. Dice que no es priista en repudio a lo anquilosado, pero es producto del dedazo –los militantes priistas no lo designaron sino Peña y Videgaray- al extremo que como hetaira grita: “¡Háganme suyo!, pero ni los priistas lo acogen. Ahora grita: ¡está bien que no me hagan suyo, pero al menos vayan a mis mítines!
Ofrece continuidad sin reivindicar su origen. Habla de combate a la corrupción, pero propone sólo si es la del adversario. Un fracaso total que se ahoga en las ambigüedades, pero tiene a sus adeptos: los 30 banqueros que tienen raudales y océanos de dinero enfrente de 61 millones de mexicanos en la pobreza y 30 en la miseria.
Dice ser honesto y poder mirarle a la cara a su mujer y a sus hijos –mas no dice que puede mirarle a los ojos al pueblo de México-, ni lo ha demostrado en los años que lleva de ser Ministro por todos lados en gobiernos panistas y priistas –ajonjolí de todos los moles de corrupción y peculado-. El descubrimiento por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) del desvío de por lo menos 6 mil 879 millones de pesos durante el actual sexenio, en operaciones aparentemente conducidas por Rosario Robles y supervisadas por Luis Videgaray y José Antonio Meade –y avaladas y encubiertas o tapadas por este candidato bicolor, Duvalin Meado-, ha terminado de hundir cualquier posibilidad de que el candidato del PRI pudiera enarbolar una agenda de honestidad o de modernidad.
Se trata, pues, de una candidatura representativa de la simulación democrática que dimos en llamar transición, pero que en los hechos sólo constituyó la prolongación de las formas de hacer política y de las directrices económicas generadoras de profundas desigualdades; representa un reacomodo, una ampliación en el reparto de poder entre grupos con intereses convergentes. Es reciclamiento de los viejos cárteles –no sólo políticos, sino de las drogas-. Es reedición del viejo sistema con discursos nuevos y diversidad de siglas.
Y la dupla que tramaron entre cúpulas del pri y del pan para hacer ganar al candidato del prian, se deshace en lodo y podredumbre. La extraña compraventa millonaria de casas, terrenos y bodegas industriales por parte de CAnaya, tanto en Querétaro como en Estados Unidos, efectivamente genera dudas serias en cuanto a la honestidad del abanderado de la coalición de la derecha-“izquierda”. La demanda por lavado de dinero ante la PGR, está activa.
Los dos candidatos PRIANistas constituyen dos lados de la misma moneda hasta con respecto a los perfiles de sus defensores legales. CAnaya reclutó a uno de los abogados y políticos más desprestigiados de la historia reciente: el salinista Diego Fernández de Cevallos. Bicolor Duvalin Meado, por su parte, contrató los servicios de Javier Lozano, uno de los únicos abogados que le hacen la competencia a Fernández de Cevallos en cinismo y baja moralidad y a Manlio Fabio Beltrones y Rubén Moreira –a quienes de lo menor que se les acusa es ser ladrones del erario y mantener vínculos y negocios con el narcotráfico-.
Hoy, a estas alturas, no les queda más que recurrir de nueva cuenta, al fraude electoral. Y para ello, ya hicieron la “polla” y pasan la charola ante los “empresarios” y banqueros. ¿Nos vamos a dejar?