El cándido Lorenzo y su instituto desalmado
@UTufigno
Hace algunos años, antes de que la semilla de la dignidad comenzara a esparcirse entre la sociedad mexicana, era socialmente aceptable el uso de expresiones “graciosas” –o jocosas, como dijera Lorenzo Córdova- que en realidad eran ofensivas o potencialmente discriminatorias para una persona en específico o para un grupo social. Todos sabemos a qué expresiones me refiero, por lo que no le veo sentido reproducirlas en este espacio, a menos que quisiéramos competir con el Consejero Presidente del INE en cuanto a candidez.
La televisión –siempre la televisión- repetía los mismos “chistes” a costa de humillar a un actor o actriz por su apariencia física o por la caracterización de algún personaje (como “La india María”); nadie parecía sentirse ofendido y se celebraban las ocurrencias. Hasta que la sociedad despertó y levantó la voz. Así ocurrió con el movimiento indígena de 1994 y con la cada vez más punzante reivindicación de los derechos de las mujeres hacia la igualdad.
Es cierto que México es muchos Méxicos y que dentro del territorio nacional existe una pluralidad cultural que, además, comprende desde los pensamientos ubicados en el ala progresista hasta quienes mantienen un conservadurismo a ultranza; sin embargo, a pesar de reconocer tales diferencias, hay aspectos de nuestra relación interhumana en los que no cabe bajar los brazos. Uno de ellos, en el que no puede haber retroceso, es el respeto a la dignidad del otro.
Si a Lorenzo Córdova le pareció “divertida” o extraña la forma de expresarse de un dirigente indígena, no tenía por qué mofarse de la misma, ni en público ni en privado, porque si aceptamos que lo “políticamente correcto” está limitado a nuestras expresiones públicas, entonces realmente no estamos convencidos de lo que decimos. Varios defensores involuntarios del titular del INE argumentaron, entre otros aspectos, cosas como: “no nos hagamos, todos hubiéramos dicho lo mismo”; “yo también me hubiera reído”; “en sus conversaciones privadas puede decir lo que quiera”. Y así por el estilo.
La gravedad del caso de Córdova, quien en su llamada hizo uso del limitado lenguaje que empleaba cierto personaje de la televisión de los años ochentas, reside en que ahora sabemos que está muy lejos de tener la sensibilidad social que tuvo su padre, Arnaldo Córdova, politólogo que fue congruente consigo mismo y un importante constructor de la izquierda institucional. -¿Y eso es grave?, preguntarán algunos. Por supuesto.
Si de por sí el Instituto Nacional Electoral carga sobre sus espaldas la pesada losa de un desprestigio muy bien ganado luego de los procesos electorales de 2006 y 2012, las burlas hechas por su titular contribuyen a cuestionar si ése es el tipo de órgano electoral que requerimos y si puede ser garante de la democracia. Por definición, un auténtico demócrata sería incluyente y respetaría las diferencias. Pero no es el caso de Córdova, convertido en prisionero de sus palabras.
-¿Y el espionaje? Eso se cuece aparte. Cualquier estudiante de derecho sabe que una grabación obtenida ilegalmente no puede ser ofrecida como prueba en un procedimiento judicial, pero no es el caso. La intención de exhibir al Consejero Presidente no era ponerlo contra las cuerdas en un juzgado, sino exhibirlo para someterlo. ¿Cuántas personas o instituciones de este país tienen los recursos económicos y tecnológicos para ejecutar tal perversidad?
Se afirma que la grabación fue difundida entre diversos medios días antes de que saliera a la luz pública, y que estos medios habrían acordado una fecha para darla a conocer; pero alguien prefirió adelantarse, justamente la víspera de la sesión en la que se abordaría el tema de la pérdida del registro del Partido Verde, debido a sus reiteradas violaciones a las disposiciones electorales.
Si usamos la lógica más elemental de los detectives novelescos, tenemos que formularnos tres preguntas para resolver el “crimen”: ¿dónde está el dinero?, ¿dónde está la mujer?, ¿quién se beneficia? O podríamos plantearlo de una forma más moderna: ¿hay dinero de por medio?, ¿hay alguna relación de maridaje o concubinato?, ¿alguno de ellos se beneficia? La respuesta es un sí a todo. Y no se necesita ser arquero experto para que nuestra flecha dé en el blanco porque está muy visible en el centro del país.