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La Verdad del Sureste

Como decimos en México


La cagó. Sí, así como lo lee amigo lector. Sé que la palabra más elegante para referirse a un yerro lingüístico es “gazapo”, pero la primera que escribí es la técnicamente correcta para referirme al dicho de Enrique Peña en el Palacio de Zaabeel de Dubai, ante el jeque Mohammed Bin Rashid Al Maktoum. Ahí, el viajante de Los Pinos expresó que ese foro de acercamiento entre empresarios de ambos países debía servir para “que puedan romper, como decimos en México, el turrón”. Por ingenio no para. Dubai, uno de los siete Emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos, pertenece a una milenaria cultura distinta a la nuestra; el islam es la religión oficial y en las escuelas públicas se habla el árabe como lengua oficial. Me cuesta trabajo suponer de qué forma los traductores hicieron su trabajo para dar a entender la expresión de Peña Nieto en un contexto cultural distinto. Y no quiero imaginar que pudiera tener algún sentido ofensivo. Es lo malo de hablar sin pensar lo que se dice primero. Como decimos en México, la cagó.
    Pero también lo hizo cuando viajó varios miles de kilómetros para entregarle la condecoración del “Águila Azteca” al rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulaziz Al Saud, quien en un gesto de lambisconerías mutuas le entregó a Peña la “Medalla del Rey Abdulaziz”.
    Para empezar, el galardón de la “Orden Mexicana del Águila Azteca” –creada en 1933- se entrega “a extranjeros, con el objeto de reconocer los servicios prominentes prestados a la Nación Mexicana o a la humanidad”, y excepcionalmente para correr la cortesía “a las distinciones de que sean objeto los servidores públicos mexicanos” (artículo 40 de la Ley de premios, estímulos y recompensas civiles). Yo me pregunto: ¿cuál es el “servicio prominente prestado a la nación mexicana o a la humanidad” de parte del rey de Arabia Saudita? Lo desconozco, y si ustedes lo saben, ¡avísenme!  En segundo lugar, el receptor del reconocimiento tiene en su haber -en apenas unos cuantos meses- decenas de ejecutados, muchos de ellos opositores a su régimen… o quizá esta es la razón por la cual Peña Nieto se atrevió a condecorar a domicilio –como si fuera repartidor de pizzas- a quien es correcto denominar como un “sátrapa” (en su sentido despectivo). Las últimas ejecuciones tuvieron lugar ni más ni menos que este mismo mes: 47 opositores acusados de “terrorismo”, y en al menos cuatro casos los ejecutados fueron decapitados y sus cuerpos crucificados. Pero, además, ¿en qué nos puede beneficiar un intercambio con un país del que poco sabemos?, ¿acaso le queremos vender chocolates a Carlos V? Si hace cuatro décadas un Ejecutivo mexicano no viajaba por aquella región, en la que Peña visitó cuatro países árabes, no veo la importancia de hacer este viaje en este momento, en el que los precios del dólar y del barril de petróleo se acercan peligrosamente a los 20 pesos por el primero y 20 dólares por el segundo.  Para satisfacción de los panistas, la actual devaluación del peso llega cuando el PRI vuelve a estar sentado en la silla presidencial, justo como en el pasado, y como en el pasado el gobierno vuelve a culpar a los factores externos. Sí, claro que los factores externos pesan, pero se supone que por eso los gobernantes neoliberales estudian en las grandes y prestigiosas universidades norteamericanas, para saber de “teoría de juegos”, de prospectiva económica y de geopolítica. Pero es demasiado pedir para quienes son incapaces de ver cómo un gobernador emanado de sus filas elevó la deuda de su estado de 323 millones hasta 36 mil 600 millones de pesos. De Humberto Moreira, escandalosamente detenido en España, la propia Dulce María Sauri, ex presidenta de los tricolores, ha dicho que es lamentable que no se hubiera hecho una investigación más a fondo en México pues había “elementos sobrados”, como la falsificación del Diario Oficial de su estado. Pero no, el golpe en contra del también ex presidente del PRI -y quien desde esa posición llevó a Peña a la candidatura presidencial- vino de otro país, porque, como decimos en México, “perro no come perro”. Tal vez hoy pasea libremente Moreira, pero seguro nunca volverá a dormir igual.    

 

 

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