CONTAMINACIÓN POR PLÁSTICOS, UN ASUNTO DE COMODIDAD
Hace unos días platicaba por teléfono con una persona a la que aprecio mucho sobre algo tan trivial como nuestro almuerzo de aquella jornada. Yo le contaba qué y dónde comería, mientras ella me contaba lo que se le antojaba comer. Más tarde me enviaría una fotografía victoriosa cumpliendo su antojo desde la comodidad de su casa: un delicioso postre reposaba sobre un plato de unicel. Entonces, con todo sentido de responsabilidad la inquirí sobre el plato desechable, bajo el entendido del impacto ambiental que eso significa. La conversación que hacía pausa como para asimilar el tema, u olvidarlo, no se prolongó mucho al respecto, y eventualmente volveríamos al terreno de la trivialidad.
El tema no es escandaloso, pero si es serio. Pasa generalmente desapercibido, pero no para todos. No cuando se es consciente del grave impacto ambiental generado por acciones tan pequeñas pero frecuentes y que, como la mayoría de las personas realiza, adquieren dimensiones catastróficas.
De los desechables que arrojamos no todos tendrán necesariamente el mismo destino. Si tenemos el respetuoso hábito de arrojarlos al contenedor de basura, algunos, los más afortunados, terminarán en algún relleno sanitario; otros, lamentablemente en un tiradero a cielo abierto. En el primero de los casos hay que advertir que, a mayor volumen de residuos, mayor es el costo que el gobierno local debe pagar para su disposición, además los rellenos tienen un tiempo de vida útil que al cumplirse genera la necesidad de encontrar un nuevo espacio físico lejos de la población para seguir rellenando el subsuelo con basura, y eso también tiene su costo. En el segundo de los casos, bueno, un tiradero a cielo abierto es un pestilente foco de contaminación expuesto a la fauna nociva y, por ende, sustrato para la misma, para su desarrollo y para la trasmisión de enfermedades.
También existe el caso de los plásticos que terminan en algún cuerpo de agua y que, en gran medida, terminan en el mar. Desde hace más de una década se tiene conocimiento de un “séptimo continente”, una isla de plásticos (en su mayoría provenientes de tierra) de dimensiones incalculables en el Océano Pacífico. El impacto para los ecosistemas marinos, para la pesca y para el turismo también son considerables. Según la ONU más de ocho millones de toneladas de plástico llegan al mar cada año y en el 2050 habrá más plástico que peces en el mar.
Pero no solo se trata de su presencia, también de su recalcitrancia. Ese plástico desechable que solo usamos unos pocos minutos y enseguida arrojamos, tardará cientos o miles de años en desintegrarse; entiéndase: la bolsa del supermercado o de la tienda en la que llevamos ese artículo que podíamos llevar en la mano; el popote que el mesero nos dejó por inercia y que también por inercia insertamos en nuestra bebida, y la vajilla que compramos simplemente porque nos dio flojera lavar, entre otros. Todo eso que es sumamente prevenible y fácilmente evitable. E innecesario.
En nuestras manos tenemos todos los días la posibilidad de realizar esas acciones que no nos cuestan dinero, muy poco tiempo y aún menos esfuerzo, y que en conjunto generan un gran un impacto positivo. Que la comodidad no rebase a nuestra conciencia, seamos solución, no problema. Ayudemos a defender el medio ambiente.
Twitter: @MartinezBriceno