La conversión en ORO
@UTufigno
Para los antiguos alquimistas –precursores de los químicos-, la búsqueda de la llamada “piedra filosofal” se convirtió en el motivo de su existencia. Se creía que dicha piedra filosofal servía lo mismo como elíxir de la vida que como sustancia que podía convertir ciertos metales –usualmente el plomo- en oro. Transmutar las cosas en oro es una obsesión que ha estado presente en varias historias y leyendas a lo largo de la historia.
Incluso, cuando los españoles llegan a tierras amerindias, su fijación por el preciado metal los llevó a cometer atrocidades contra la resistencia de los pueblos prehispánicos. Así ocurrió cuando los oficiales de la Real Hacienda, al mando de Julián de Alderete, decidieron torturar a Cuauhtémoc, el último tlatoani de los aztecas, mediante la quema de sus pies y manos después de haber sido impregnadas con aceite.
Las tropas de Hernán Cortés habían capturado al tlatoani para doblegar al pueblo que se resistía a caer, pero también para que les revelara el lugar en el que Moctezuma habría escondido un gran tesoro.
Según Bernal Díaz del Castillo, Cuauhtémoc sí confesó a los españoles que había arrojado el tesoro en un punto del lago, mismo que fue localizado –en lo que hoy es la Delegación Azcapotzalco- pero en una cantidad muy inferior a lo que los conquistadores ambicionaban, por lo que supusieron que el tlatoani los había engañado. Tiempo después, Cuauhtémoc fue ahorcado en lo que hoy es Tabasco, poco después del primer domingo de cuaresma de 1525.
Supongo que los magistrados del Tribunal Electoral (del Poder Judicial de la Federación, nombre tan largo como inútil) aún conservan deseos reprimidos de su niñez. Por ejemplo, tal vez en su infancia no les era permitido jugar a “las escondidas” y por eso, ahora que son mayores, no pierden una oportunidad para mostrar sus habilidades en dicho juego.
No me explico de otra forma la razón por la que en sesión privada –como si lo público no fuera de interés público- los magistrados determinaron la suspensión de los mensajes que, en radio y televisión, denunciaban el insulto que significa que la presidencia haya adquirido un avión que no corresponde a la realidad económica que viven miles de familias. Recordemos que, según cifras del CONEVAL, uno de cada dos mexicanos vive en condiciones de pobreza. La ostentación de unos pocos, es la pobreza de otros muchos.
El Tribunal de marras (así se dice en el abigarrado lenguaje jurídico), sostuvo que hay “centralidad del sujeto” pues lo que hay es un posicionamiento personal y no uno institucional. Bajo ese sesudo punto de vista, ninguna de las expresiones de los actores políticos, informativos o incluso deportivos se hacen a título institucional pues son emitidas por propia voz de quien lo expresa.
Por ejemplo, si a Lio Messi lo entrevistaran después de un triunfo del Barcelona y llegara a decir: “en el Barza ganamos por el esfuerzo de todos”, el Tribunal interpretaría que lo que Messi quiso decir fue: “el único ganador es Messi, no el Barza, porque hay centralidad del sujeto que habló a título personal”. ¿A poco no sonaría absurdo? Y aún hay más.
Convertidos en adivinadores, algunos magistrados justificaron su decisión por la “probable intención” del mensaje y la “direccionalidad del discurso”, aspectos que los llevaron a concluir “que se trata de actos anticipados de campaña”, como lo dijo en entrevista la juzgadora María del Carmen Alanís, aunque en la sentencia no fundamentaron su dicho. Vaya con la lógica y retórica de los señores magistrados y sus artes adivinatorias.
Así como la obsesión de los alquimistas era la búsqueda de la piedra filosofal, la obsesión de los alquimistas electorales se llama Andrés Manuel López Obrador. Por todos los medios y mediante todas las artes, quienes han vivido de los privilegios y la corrupción del sistema, o han despertado sus ambiciones, se unen en su contra.
En esta contienda política uno de los más furibundos es el líder del jurásico, Manlio Fabio Beltrones, quien acaba de robarle los derechos de autor a Felipe Calderón para volver a emplear aquella expresión que partió a la sociedad mexicana en 2006. A eso se le llama desesperación, como la que muestran en Centro para frenar a Octavio Romero Oropeza, ORO puro.