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La Verdad del Sureste

CORRUPCIÓN ¡A PASTO!


 


Todos los días se habla de funcionarios corruptos; cada hora se denuncia un acto de corrupción, o se propala una sospecha de alguna corruptela. El cúmulo de corruptelas que se dan en el servicio público o en los negocios privados, o en los asuntos judiciales, es tan abultado que no podría ser enumerado.
    Los políticos prometen combatir la corrupción. Se intenta estatuir nacionalmente un Sistema Nacional Anticorrupción. Los chismosos inventan actos de corrupción en la mañana, y para la tarde ya traen “en las manos los pelos de la burra” que la “demuestran”. Pero ¿sabemos realmente qué es la corrupción?
    Cabe aquí citar a filósofo del Derecho John Rawls, quien afirma:
    “…cuando uno ocupa un puesto público está obligado ante sus conciudadanos, cuya confianza ha buscado y con quienes está cooperando en la tarea de poner en marcha una sociedad democrática. Igualmente, asumimos obligaciones al contraer matrimonio, así como cuando aceptamos puestos con autoridad judicial, administrativa o de otra clase. Adquirimos obligaciones mediante promesas y acuerdos tácitos, e incluso cuando participamos en un juego adquirimos la obligación de jugar conforme a las reglas y con espíritu deportivo.”
    Y el maestro de la Universidad de Heidelberg, Ernesto Garzón Valdéz, escribe: “No hay inconveniente semántico alguno en hablar de deportistas, de directores de empresas o de sacerdotes corruptos en el mismo sentido en que puede hablarse de gobernantes o diputados corruptos…”.
    Al respecto puede referírsele la corrupción galopante en el asunto de la FIFA, o las operaciones encubiertas de lavado de dinero de centenas de empresarios enlistados en los #The Panamá Papers del consocio Mosscak Fonseca.
    Un acto de corrupción implica la violación de un deber posicional. Quien se corrompe transgrede, por activa o por pasiva, algunas de las reglas que rigen el cargo que ostenta o la función que cumple. Quien se corrompe manifiesta, en ese sentido, un claro sentimiento de deslealtad hacia la regla violada. Por tanto, la corrupción implica siempre un acto de deslealtad, de traición, al sistema normativo de que se trate.
    La palabra corromper proviene del latín corrumpere y tiene centralmente dos significados: supone alterar, trastocar la forma de alguna cosa. La segunda acepción es la más interesante. Echar a perder, depravar, dañar, pudrir –el calor corrompe la carne-.
    En los actos o actividades de corrupción interviene siempre, al menos, un decisor; y dicho concepto está estrechamente vinculado con el concepto de sistema normativo.
    Consiste en “la violación de una obligación por parte de un decisor con el objeto de obtener un beneficio personal extraposicional de la persona que lo soborna o a quien extorsiona, a cambio del otorgamiento de beneficios para el sobornante o el extorsionado, que superan los costos del soborno o del pago o servicio extorsionado.
    Por decisor debe entenderse alguien que tiene competencia para tomar decisiones -el decisor no está limitado a una autoridad, pues alguien puede ser un decisor en virtud del papel social que desempeña o de la posición que ocupa dentro de un sistema normativo relevante, sin que ello implique necesariamente la potestad para dictar disposiciones jurídicamente obligatorias-. Es erróneo admitir que el fenómeno de la corrupción es eminentemente político; la idea de que para hablar de corrupción hay que hacer necesariamente referencia a una persona que ocupa una posición oficial, es decir, a una autoridad o, lo que es lo mismo, a alguien que detenta un poder, es errónea. El decisor es la persona que está sujeto a cierto tipo de deberes “posicionales”, distintos de aquellos que son válidos para todos y con respecto a todos, sin que importe el papel social que ellos desempeñen (deberes naturales), sino que son aquellos que “se adquieren a través de algún acto voluntario en virtud del cual alguien acepta asumir un papel dentro de un sistema normativo”.
    Pero en México, gobiernos priistas o panistas han impuesto el slogan que aplican a pie juntillas: ¡Corrupción, SI; Desarrollo, NO! Y han mimetizado a los gobiernos estatales.

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