Crimen y basura
Si a los miembros del partido tricolor les preguntáramos cuál ha sido el peor presidente de los tiempos modernos, seguramente la mayoría diría que Ernesto Zedillo. Los salinistas –que creo son todos- repiten el discurso de su venerado modernizador: Zedillo tuvo la culpa del “error de diciembre” (la crisis económica que se desató a partir de diciembre de 1994), como si al momento de la sucesión presidencial la economía no estuviera sostenida sólo con saliva.
Pero no es de lo único que culpan a Zedillo. También -y seguramente es el agravio mayor- de haber entregado la presidencia a un partido diferente al que había sido único durante 70 años. Esa traición, dicen, es imperdonable. Pero hay otras cosas más que no son tan obvias para el espectador promedio.
Con el mejor estilo autoritario del PRI de siempre, al inicio de su gestión Zedillo determinó meter mano en el Poder Judicial: redujo el número y nombró nuevos Ministros de la Suprema Corte de Justicia y creó el Consejo de la Judicatura. Paradójicamente, esa descarada intervención en un “poder autónomo” se tradujo en una de las épocas de mayor autonomía de la Corte. Por supuesto, el cambio de partido gobernante debió influir en el ánimo de los Ministros.
Pero hay algo más que el gobierno de Enrique Peña debe recriminarle a Ernesto Zedillo. A partir de 1998 el Estado mexicano se integró plenamente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos al aceptar la competencia de la Corte Interamericana en dicha materia. Esa medida, que no fue gratuita, implicaba que el Estado mexicano, tan escondido en la región norte del continente americano, ya podía ser objeto de escrutinio por organismos internacionales en materia de derechos humanos y, peor aún, ser sujeto de responsabilidades internacionales.
Para el Grupo Internacional de Expertos Independientes de la CIDH no debe ser una sorpresa que el gobierno mexicano haya roto los acuerdos que habían celebrado sobre el nuevo peritaje efectuado en el basurero de Cocula. Es más, me aventuro a pensar que por eso decidieron celebrar los acuerdos por escrito: para evitar que el gobierno mexicano se desdijera o -como lo hizo Chuayffet con los zapatistas- argumentara que traía unos tragos “entre pecho y espalda”.
Cuando en septiembre de 2015 el GIEI presentó sus primeras conclusiones sobre el caso Ayotzinapa, afirmó que “no existía evidencia de que los 43 estudiantes fuesen incinerados en el basurero… en el tiempo, circunstancias y condiciones señaladas”. Dicha conclusión caló en el gobierno federal porque refutaba la “verdad histórica” de Murillo Karam.
Entonces, Arely Gómez, con apenas seis meses al frente (¿al frente?, el viernes procuró esconderse) de la PGR expresó su voluntad de realizar un tercer peritaje con el apoyo del GIEI, voluntad que se materializó en un par de convenios en los que, en esencia, se resalta que dichos trabajos se realizarían de común acuerdo en todas sus etapas y se guardaría la confidencialidad de los trabajos realizados. También se comprometieron a que cualquier mensaje se daría por consenso y que ninguno de los expertos involucrados podría hablar públicamente a nombre del grupo. La PGR incumplió.
Pero veamos que dijo la PGR en voz de uno de los seis expertos en materia de fuego: “se puede concluir que existe evidencia… (de) un evento de fuego controlado de grandes dimensiones en el lugar denominado basurero de Cocula”, y “la recolección de restos óseos… permite determinar que al menos 17 seres humanos adultos fueron quemados en el lugar”. Wow!
¿Cómo convenció la PGR al “experto” Damián Torres de salir a quemarse él mismo? No sé, pero dicha información no contradice el motivo del tercer peritaje: la posible incineración de 43 estudiantes “en el tiempo, circunstancias y condiciones señaladas”. Que en el basurero había incineraciones y que en dicho sitio había restos óseos, ya se sabía; pero que encontraron restos de 17 personas -no 16, no 18- sí que es una noticia.
Ante la “evidencia” de restos de 17 personas, la PGR tendrá que explicar porqué antes no habían sido descubiertos. No quiero ser mal pensado pero sabemos que dicho lugar careció de resguardo a pesar de su importancia e incluso continuaba siendo un tiradero de basura, lugar al que también irá la credibilidad de la procuradora, si es que algo le quedaba.