Disidencias
¿Por qué tanto miedo a AMLO?
*Están perdiendo los estribos… hasta los ‘intelectuales’
Leer el artículo “3.0” de Jesús Silva-Herzog Márquez, publicado en el diario Reforma, es ubicarnos precisamente en el inacabado Proyecto de Nación que ni los intelectuales, ni los políticos tradicionales, ni los tecnócratas formados en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y las universidades de los Estados Unidos, han logrado definir y conceptualizarlo en función de la unidad nacional, conservando los atributos, las facultades y las obligaciones del Estado mexicano.
Opino que más bien perdieron el origen del término. Han permitido que se erosione su carácter endógeno en lo social, legal y constitucional, abandonándose a las dinámicas económicas exógenas. Convirtiendo la rigidez de nuestras normas en un reglamento de plastilina susceptible de modificarse por cualquier acuerdo proveniente del exterior cuando deslumbra a funcionarios y lo consideran (sin investigar) un componente de la modernidad.
Lo correcto es que cuide la unidad interna, que se obliguen a actuar en función de su marco legal y constitucional, que consideren como su patrimonio nuestros recursos y riqueza. Que la definición de la economía y los tratados no pulvericen la soberanía ante la globalización y los mercados. etc. etc. Que conozcan al país como independiente y soberano.
Que no nos llamen prietos, sino que nos incluyan en las tareas del perfeccionamiento de la nación y de las luchas que día a día libran millones de mexicanos por alcanzar la prosperidad.
De acuerdo al Foro Consultivo Científico y Tecnológico de Carlos A. Rodríguez, al 2016, México contaba con 26 mil investigadores certificados por el Conacyt… (208 por cada millón de mexicanos).
De los cuales no se conocen fuera de los planteles universitarios por su contribución a la ciencia y al desarrollo de tecnologías. El problema no es el presupuesto, sino el uso que se hace de ese dinero que va a parar a sueldos de investigadores de pura nómina. Son muy contadas (y anónimas) las excepciones.
No es casual que estemos mal en la formación de científicos de las diversas ramas económicas y sociales, ni de la actualización de criterios en materia económica y social.
Quizá ignore a alguien o a varios científicos sociales que trabajan en nuevos proyectos tendientes a MODERNIZAR las relaciones y las negociaciones en el marco de los actuales cambios no sólo al interior de nuestras fronteras, sino al exterior. Francamente desconozco trabajos de esa naturaleza en el país, sobre todo de personas que las realicen.
Por eso no se me hace extraño que Andrés Manuel López Obrador, insista en un acto de pragmatismo político en sumar a políticos de toda ralea en su proyecto de nación, partiendo de la premisa que el cambio que se quiere es pacífico. Es por medio del voto…
Y cada ciudadano con credencial de elector por muy maleta que sea, puede dar el voto de la victoria.
“Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo. Su coalición no es ya ni sombra de su base política. Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder”, escribió el politólogo.
En cuanto a Cuauhtémoc Blanco, como candidato al gobierno del estado de Morelos. ¡Qué más da! Poner a un perdedor contra un gobernador como Graco Ramírez, declarado enemigo (del futbolista y de AMLO), que seguramente operará para hacer perder votos. Cualquiera es bueno en ese flanco donde el futbolista tiene seguidores.
Finalmente considero que si los intelectuales quieren al país que apoyen en la formación de políticas públicas enfocadas a resolver problemas nacionales…Que ayuden a que no haya “Cuauhtémocs Blanco” o Chuchos Ortegas. La pura crítica desde la academia, con la panza llena y con privilegios, hay que dejársela a aquellos que solo saben tomar café y cobrar en las universidades.