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La Verdad del Sureste

Disidencias

Expropiación petrolera, TLCAN y Reforma Energética


 
El 18 de marzo se cumplieron 80 años de la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río en 1938, la cual consistió en regresar al control del Estado mexicano el uso y usufructo del petróleo que en ese momento controlaban las compañías extranjeras Royal Dutch Shell, Standard Oil Company de New Jersey, Chevron Corporation, así como de sus filiales y subsidiarias registradas con nombres locales.
     Proeza que logró el general luego de pagarle sus activos establecidos en el país, y tras intensas negociaciones legales y políticas que por momentos tensaron la relación con el Gobierno Estadounidense.
     Ochenta largos años que la historia reseña como uno de los capítulos más preclaros de un gobierno que mantuvo firme su compromiso de representar y resguardar los bienes de nación sobre cualquier amenaza o riesgo proveniente del exterior.
     Sin embargo, hoy nuevamente la corrupción y la falta de liderazgo de los últimos 5 presidentes mexicanos: desde Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, colocan a la hasta hace poco paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) en una situación desastrosa en lo financiero, laboral y productivo.
     Tres problemas creados por el clientelismo político, la falta de rendición de cuentas, el abuso de poder de los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Y un elemento más.
     La falta de respeto a los postulados de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos por estos improvisados políticos mexicanos, formados en las escuelas del vecino país del norte. Que enajenados por las doctrinas económicas del Tío Sam aplican recetas ajenas y contrarias a la protección de nuestros recursos.
     Pues  bien, Pemex es víctima de estos preteóricos del modernismo industrial. De estos presidentes que definen la globalización de los mercados como las panaceas nacionalistas del desarrollo de las naciones. En cuyas entelequias empresariales han metido a Pemex en una agónica y sospechosa situación de quebranto, saqueo y nuevamente de entrega a las petroleras trasnacionales.           
     Ochenta años después es necesario revisar la historia, repensar los intereses del país… y por qué no, reforzar el nacionalismo.  Lo más viable es recuperar y reposicionar la industria petrolera para beneficio del pueblo de México.
 
 

 

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