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La Verdad del Sureste

Ensalada de Papas


 


El año 1962 me parece particularmente interesante: es el lanzamiento mundial de la banda The Beatles y de la saga James Bond; es el año en que –de acuerdo a su autobiografía- nace Mafalda; se desata la “crisis de los misiles” que pone al mundo al borde de la guerra nuclear; Kennedy ordena el bloqueo económico contra Cuba; Marilyn Monroe es encontrada muerta en circunstancias no del todo satisfactorias; el Papa Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano Segundo y excomulga a Fidel Castro.
    Seguramente Juan XXIII –nacido como Angelo Roncalli- no imaginaba que 53 años después, Cuba se convertiría en un punto neurálgico para la operación del Papa Francisco en América. No creo exagerar al decir que si Roncalli y el líder revolucionario se hubieran conocido en otras circunstancias, tal vez hasta hubieran podido ser amigos. Si decidió excomulgar a Fidel fue porque éste se declaró marxista-leninista y un decreto de Pío XII había establecido la pena de excomunión para quien difundiera el comunismo.  
    Conocido como “el Papa bueno”, Juan XXIII concretó el cambio más importante al interior de la Iglesia Católica en el siglo XX –y en muchos siglos- a pesar de su breve pontificado (casi cinco años). Dejó atrás los antiguos ritos para adaptar la liturgia a los modos de los pueblos creyentes y sustituyó el latín con las lenguas nativas de cada país. Entre otras, publicó las encíclicas “Mater et Magistra” y “Pacem in Terris”.
    “Mater et Magistra” (Madre y Maestra) se promulgó en mayo de 1961 y llevaba como destinatarios “a todos los trabajadores del mundo”. Dicha encíclica abordaba cuestiones sociales a partir del reconocimiento de la pobreza, los desequilibrios al interior de las ramas económicas y, en general, muestra su preocupación por los derechos de los trabajadores.
    Cuando los misiles se encontraban listos para desatar el holocausto nuclear en octubre de 1962, Juan XIII tejió fino y discretamente para contribuir a pacificar a los países beligerantes. Los Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron a un acuerdo que, probablemente, permitió que todos podamos ver la luz este día. La encíclica “Pacem in Terris” (Paz en la Tierra) -publicada en 1963- refleja la intervención que tuvo el Papa en dicho conflicto e invitaba a lograr la paz “entre todos los pueblos”.
    A pesar de que estuvo más tiempo en el Vaticano -15 años-, Paulo VI fue menos visible que su antecesor. Para ese momento el mundo se debatía entre los problemas del hambre, el inacabable conflicto en medio oriente y se retomaba el discurso sobre el uso de los “átomos para la paz”. A su manera, el jerarca católico también buscó la paz mediante la reconciliación entre las distintas iglesias. A su muerte, Albino Luciani asumió el papado con el nombre de Juan Pablo I, pero sólo permaneció 33 días. Un número de días que, a los ojos de los católicos, es más que simbólico.
    “El Papa sonriente”, como le decían a Luciani, abrió esperanzas de continuar con los cambios que había iniciado Juan XXIII, pero la muerte lo sorprendió de manera prematura. En alguna de sus pocas pero contundentes alocuciones, Juan Pablo I dijo: “Los pecados que claman venganza en la presencia de Dios son… oprimir a los pobres, defraudar la justa paga a los trabajadores… porque son directamente contrarios al bien de la humanidad”. (Y aún hay quienes creen que su salud se deterioró de un momento a otro).
    El primer Papa no italiano en más de 400 años fue Juan Pablo II. De corte conservador y origen polaco, Karol Wojtyla manejó una agenda política del brazo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Apoyó al sindicato “Solidaridad” de Lech Walesa en Polonia, y contribuyó al desmembramiento de la Unión Soviética y la caída del “Muro de Berlín”. Sin embargo, la diplomacia cubana logró tender puentes con el Vaticano y Juan Pablo II visitó Cuba en una ocasión. Benedicto XVI también visitaría la isla posteriormente.
    A su pesar, a estos últimos Papas los persigue la sombra de la pederastia clerical. A uno por encubrir a uno de sus más allegados, Marcial Maciel, y al otro por negarse a dar cauce a las miles de denuncias a nivel mundial, lo que los convierte en cómplices silenciosos de este delito. (Esta ensalada continuará…)    


   

 

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