Varios dueños de este tipo de espacios deportivos-donde se cultiva el ego además del cuerpo- ante la desesperación de las pérdidas económicas por el cierre de sus firmas, como resultado de la pandemia, se unieron para presionar a las autoridades correspondientes para que les permitieran la reapertura de los inmuebles.
Obviamente estos comerciantes se dijeron listos con todas las medidas necesarias para abrir y evitar el contagio de sus clientes por coronavirus. Sin embargo, el problema principal que presentan estos negocios es que la mayoría o todos funcionan prácticamente en espacios cerrados, donde es más fácil contraer el virus.
Es responsabilidad de todos cuidarse, pero quedó de manifiesto que tras la permisión de la activación de una parte del sector comercial, los casos de enfermos se dispararon. En un principio la mayoría de los comercios aplicaban al pie de la letra el protocolo sanitario a sus consumidores, actualmente algunos dejaron de tomar la temperatura y solo ofrecen gel o viceversa.
Los peor es que tampoco respetan la sana distancia y eso es parejo desde muchos comercios hasta la mayoría de los ciudadanos. El gobierno ordenó que por un par de semanas más la entidad permanecerá un tono naranja y es que los casos de contagios y muertes tienen un comportamiento de altibajos.
Evidentemente los dueños de recintos deportivos tienen derecho a reactivar su economía y también la obligación de cumplir con las normas del cuidado de la salud prioridad para todos. La existencia de negocios que quiebran las reglas sanitarias es porque no existe una supervisión de las autoridades adecuadas y sí la hay, es obvia la corrupción de los inspectores. El poder es el poder.
