Tras la celebración de del PED del año pasado, prácticamente arrancó la edición del presente y previo a la cancelación de campeonatos nacionales e internaciones importantes algunos competidores locales lograron resultados sobresalientes en uno y otro, pero la interrupción afecto torneos sustanciales en México y el extranjero.
Si se compara los periodos calificados en el pretérito, de acuerdo a la convocatoria respectiva, con el ciclo actual; éste último padece un abismo en resultados producto de la falta de participación los de deportistas tabasqueños a causa del coronavirus.
Obviamente los atletas son los menos culpables, pero eso no significa elegir a uno o varios galardonados únicamente por cumplir con una convocatoria, cuyo objetivo es reconocer a los mejor del deporte local en un lapso que abarca una docena de meses.
La elección es producto de una decisión colegiada de los jueces, pero las experiencias anteriores enseñaron que en el Jurado hay personas que votan con honestidad e imparcialidad, pero hay aquellos que eligen por intereses personales y hasta intentan persuadir a sus compañeros para favorecer a su o sus candidatos.
Para esta elección el Jurado del PED tiene el deber y obligación de actuar con un criterio que no atente al prestigio del galardón y la trayectoria de los ganadores de las ediciones pasadas. Esto es que si tienen que declarar desierta una o todas las categorías por falta de méritos, así sea.
No hay que olvidar que esta elección es atípica y como la pandemia continuará por tiempo indefinido, habrá que pensar si el PED a futuro se reforma o no. De acuerdo a las personas que integran este grupo colegiado, hay ciertos jueces que la comunidad deportiva los conoce como personas con prestigio moral, del resto será el resultado y las historia que los juzgue. El poder es el poder.
