En el siglo pasado, ante la falta de personal especializado, se recurrió a la improvisación de maestros de educación física, por su perfil, como instructores; obviamente que había una distancia abismal entre un empírico y un profesional en la materia, pues académicamente la preparación de uno y otro es diferente.
A través de cursos de capacitación los diferentes personajes que dirigieron el órgano rector del deporte estatal, buscaron el acabar con el empirismo, al que se le culpa en gran medida de lesionar ciertos atletas, los cuales truncaron sus carreras deportivas, antes de tiempo, por ese motivo.
Es conocido que hubo profesores que en su doble papel logaron el triunfo de sus deportistas a nivel nacional e internacional. Sin embargo, algunos de los metodólogos, de origen cubano que trabajaron para el deporte estatal, comentaron en voz baja, que parte del ese éxito de algunos maestros recayó en el talento del alumno y no de la capacidad del instructor.
Entre las funciones de los antillanos aludidos estaba la de evaluar el trabajo de los entrenadores, por esa razón sabían las fortalezas y debilidades de cada uno de los instructores; pero es importante señalar que uno de esos expertos cubanos quedó en evidencia ante el juicio y experiencia de León Hernández Gayosso, decano de la educación física local, egresado de una normal del país.
Desde la existencia de la institución deportiva, hubo titulares preocupados más por su carrera política, que por el deporte. Hay quienes ven el anunció de la contratación, de más de medio centenar, como la busca de un cargo de elección popular. Es cuestión del Injudet demostrar lo contario, porque es mucho el daño al deporte por cosas de la grilla electoral.
En la actualidad, la actividad deportiva requiere de entrenadores profesionales, sin importar que sean o no maestros de educación física, pero con los estudios correspondientes. Además, que su labor sea de tiempo completo, porque eso de tener doble empleo: si cumplen bien con uno quedan mal con el otro. El poder es el poder.
