Previo a tomar las riendas de la ATA Madrigal Aguilar sabía, por su experiencia como maestro de educación física y entrenador, de las carencias y los retos que representa la presidencia de una organización como la referida, donde su antecesor dejó más pasivos que activos.
Si bien el directivo no rehúye su compromiso es obvio que, ante la pandemia y los cambios constantes en el Injudet, en los años recientes, su tarea se multiplica; porque el atletismo es de las disciplinas deportivas que regularmente cosechan medallas para la causa tabasqueña en las diferentes competencias.
El dirigente deportivo de entrada ofreció la regularización o calendarización de las competencias atléticas desarrolladas en la entidad y la afiliación de atletas. Estos certámenes más que promover el deporte, se convirtieron en el negocio de unos cuantos, donde la ATA cobra un porcentaje a los ganadores.
Antes del Covic los eventos pedestres, los cuales trastocan la vialidad y afectan a terceros por las rutas trazadas, crecieron en número por mes de tal forma que algunos se empalmaron; pero el grupo de atletas locales en campeonatos nacionales no crecieron, pues como siempre los pupilos (cautivos) de ciertos instructores como los de José Felipe Cachón Gómez representaron la causa doméstica.
Este fenómeno dio el nacimiento de una industria rentable: vividores que comercializan paquetes para organizar carreras atléticas en las cuales se cobra la inscripción al participante. Desde hace muchos años el deporte se convirtió en un negocio y ahora que el gobierno promueve que todos paguen impuestos, es momento que estos señores lo hagan y solventen un gravamen por el uso de las calles.
La época donde había más respaldo de parte del gobierno para el deportista quedó en el pasado. Madrigal Aguilar y demás dirigentes habrán de buscar otras fuentes de financiamientos para sus afiliados y, hasta, proponer una legislación para que todo el que comercialice con esta actividad pague un tributo. El poder es el poder.
