De acuerdo a la versión del Injudet, se reunió con los diferentes presidentes de asociaciones deportivas a quienes se les informó la situación de un arca gubernamental con dinero escaso, por lo que con el capital disponible se apoyaría a cada Asociación Civil conforme al historial de resultados de cada una.
Al parecer todos aceptaron y así continuar la participación de sus afiliados en el proceso de los Juegos rumbo a la Final Nacional, pues dieron por hecho que los papás y mamás, respaldarían a sus vástagos para no truncar sus sueños deportivos y la felicidad de los paterfamilias de ver a sus retoños competir y, en el mejor de los casos, subir al pódium.
El Injudet arguyó, como consuelo, que la escasez de dinero también la padecen otras entidades.
Nadie lo duda, como es evidente que varios competidores tienen familias con las facilidades para darle viáticos a sus proles; pero hay otras que hacen esfuerzos extraordinarios por prever humildemente al deportista ante el alza de precios exorbitantes de la canasta básica.
Lamentablemente los dirigentes deportivos ven más por sus intereses personales que el bienestar de sus adeptos y no se atreven a proponer la cancelación de su participación en el certamen nacional, porque nadie en su sano juicio organiza una fiesta sin dinero.
La pandemia afectó a todos, principalmente en lo económico, eso es incuestionable, pero hay segmento importante de la población en situación difícil, porque ve con tristeza como su sueldo se evapora y el incremento salarial es exiguo con respecto al valor de la despensa donde el pollo y la carne son un lujo.
Si varios gobiernos estatales tienen el mismo problema, no sería de vida o muerte, que estos anularan su asistencia a la máxima justa deportiva o entre todos encontrar una solución en beneficio de los deportistas sean ricos o pobre, ya que los atletas son la razón de existir de las dependencias deportivas.
En lo que respecta a los presidentes de las AACC, estos tienen que dejar a un lado su tibieza ante este problema y actuar comprometidos en unidad con entrenadores y padres de familia, para tomar una decisión de si compiten o no, porque una determinación unilateral sólo provoca inconformidad, duda, incertidumbre y protesta. El poder es el poder.
