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La Verdad del Sureste

¡HIJOS DE PERRA…! I


Inicio una serie de relatos textuales de libros que todos debimos haber leído o enterarnos de su contenido y contexto, pero que por diversas razones no leímos o nos desinteresamos de ellos.

Comienzo transcribiendo algunos párrafos del libro Los Escándalos, de Rafael Loret de Mola Vadillo (1999, Editorial Grijalbo). “La obra (…), retrato fiel de lo que he visto, vivido y asimilado en los años recientes, debió encuadrarse bajo un título distinto (…) Hijos de perra. Pero no pudo ser. “La cofradía de la mano caída” 1.

No se puede entender la política mexicana, y a nuestros políticos, sin analizar a fondo dos vertientes terribles. (…) La infiltración del narcotráfico en la estructura gubernamental y el desarrollo exitoso de la “cofradía de la mano caída”. Porque la corrupción tiene, en nuestro país, una de estas dos connotaciones: los vínculos con los zares de la droga o el amafiamiento homosexual. (…) Narcotráfico y cofradía. Alguno de estos dos elementos, o la combinación de ambos, resulta consustancial al político mexicano “del sistema”.

Analicemos, por ejemplo, el caso de Emilio Chuayffet Chemor…, para encumbrarse como Secretario de Gobernación (…) después de que cesó a catorce policías estatales que protagonizaron un extraño conato de asalto contra el intocable jovencito Ernesto Zedillo Velasco en Tecamachalco. No me explico (…), en dónde estaban los custodios del muchacho. El muchacho les ordenó que se rezagaran… porque él quería estar a gusto, sin testigos. (…) El primer junior estaba acompañado de un amigo. (…) Eso fue lo que vieron los patrulleros (…). Y de ahí, la extorsión… Y (…) Chuayffet aprovechó políticamente la oportunidad. Tapar un incidente como estos tiene muy amplias recompensas. Así funciona el sistema. (…) Chuayffet llegó a la (…) Secretaria de Gobernación (…) dejando encargado de la gubernatura (del Estado de México), al imberbe César Camacho Quiroz, un treintañero con escaza experiencia, salvo la anotada en la intimidad, y de cuyos vínculos nadie dudaba por evidentes. El amafiamiento en todas las direcciones. No por otras relaciones a Emilio le apodaban La Tehuana en los círculos de la cofradía. (...) Camacho Quiroz no pudo hilvanar una sola frase cuando me dirigí a él en el despacho de Emilio Gamboa Patrón, otra de las grandes figuras controvertidas en el manejo de los pasajes turbios y las relaciones inconfesables (…) quien fuera estrecho secretario privado de Miguel de la Madrid.

No es casualidad que la consolidación de “cárteles” y “capos” se diera durante el lapso (…), ni que en la misma época los rumores acerca de las singularidades de conducta de varios funcionarios amafiados revelaran los perversos hilos conductores. El capítulo de las amantes influyentes, (…), cedió ante la presencia de los jovencitos de finas maneas y remilgados en las antesalas claves. La costumbre se iría acrecentando. (…) Y es que en cuestiones de gustos y preferencias, don José (López Portillo) y don Miguel (de la Madrid) no coincidían. (…) como otras figuras claves entremezcladas con la mafia y la cofradía, drogas y manos caídas de por medio… lapso en el que se produce el boom del narcotráfico y la arribazón de los acicalados jovencitos rebosantes de ambiciones y tecnicismos, ligados entrañablemente a los hombres del poder. (…) los chamaquitos esos que tiene usted por doquier. (…) Sinceramente causan una impresión no muy grata: parece obsesivo su amaneramiento. (…) Los ujieres singulares no se fueron. Un toque de distinción para muchos si asumimos la réplica quejumbrosa de Salvador Novo, (…) cuando reprochó a sus comensales por sus conquistas femeninas: (…) Presumen por seducir a unas chiquillas tontas. Lo difícil, lo de hombres de nuestra condición… ¡es enamorar soldados!

(…) Una anécdota, si, que perfiló para siempre, la enfermiza relación de los principales actores del círculo de Miguel de la Madrid. “Anote un nombre”, solicitó Héctor Berreyes, comandante del grupo “Leyenda” al servicio de la DEA estadunidense (…). “Federico de la Madrid.”. ¿El segundo hijo de don Miguel? “El mismo. Está metido hasta el cuello en el narcotráfico.” Federico actuó a sus anchas mientras su hermano Miguel (…) no escondía otras debilidades. Para nadie fue un secreto la extraña convivencia que se dio en Los Pinos. (…) Miguel hijo vive con un chico sudamericano, muy moreno y fornido. (…) ya no salen de la casa presidencial. ¿Les han asignado una alcoba? (…) por seguridad (…) se decidió que cohabitaran en Los Pinos.”

 

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