¡HIJOS DE PERRA…! II
Los Escándalos, de Rafael Loret de Mola Vadillo (que a decir de su autor) “… debió encuadrarse bajo un título distinto (…) Hijos de perra”. “La “cofradía de la mano caída” 2.
“… existe dentro del aparato gubernamental una corriente de amplia simpatía a cuantos ofician en la apretada, pero siempre abierta, “cofradía de la mano caída”. Tanto que, en un recuento apresurado de los últimos tiempos, registramos, solo en dos de los cargos más relevantes del gabinete presidencial por su peso específico en las decisiones fundamentales y en el tratamiento de los grandes escándalos criminales, la Secretaria de Gobernación y la Procuraduría General de la República (PGR), a un número importante de dilectos miembros de la, digamos, “hermandad”.
Presidentes, secretarios, gobernadores. La cofradía de la mano caída, sin duda, ha modificado el derrotero histórico del país. (…) no señalo a los homofóbicos por el hecho de serlo, como tampoco condenaría a los heterosexuales. Acuso a las mafias, a cuantos hacen de las debilidades intimas un pretexto para escalar posiciones, a los que reclutan jovencitos, a los que convierten los asaltos políticos en pretexto para medir las ambiciones en los lechos de los poderosos. ¿Te molesta que los homosexuales tengan poder? Me angustia el amafiamiento.
Cuando faltó doña Margarita –de Gortari- (…) Raúl –Salinas- tomó el timón del mando. Y lo secundaba Adriana, la única hermana. El presidente era uno más en la mesa. Continúa su análisis Ricardo Canavatti Tafich, millonario de Monterrey. Luego vendría el crimen contra José Francisco Ruiz Massieu, el ex hermano político de ambos (…) golpe al corazón del presidente. Existe un hecho incontrovertible en la densa relación de los Salinas con “Pepe Pancho” Ruiz Massieu. A partir de la separación matrimonial de éste y Adrianita, tan tortuosa (…), Adriana (…) aireó la homosexualidad de José Francisco como causal del divorcio “necesario” (…). Una versión apunta hacia un capítulo muy significativo. Una noche, hastiada, Adriana regresó a su casa antes de lo previsto y entró a la alcoba principal: ¿Con quién estás, maricón? Gritó la señora, fuera de sí, al tiempo de “destapar”, literalmente, a su marido y a un misterioso amante. Días después los tribunales de lo familiar conocieron el caso. Pero Carlos no dejó de apoyar a su ex cuñado ni de profesarle un cariño muy especial. Tanto que no fueron pocas las ocasiones en las que, siendo Carlos presidente y Pepe Pancho gobernador, se encontraron, libres de agendas, en algún paraje evocador en las bravas heredades de Guerrero. A veces –me dijo uno de los operadores de las giras oficiales- el presidente Salinas forzaba el itinerario y lo cambiaba para que, al final de algún recorrido, tuviera tiempo libre para ver al señor Ruiz Massieu. ¿Nadie los acompañaba? “Generalmente no.”
Por ello resulta inquietante el proceder de procuradores y fiscales encargados de ahondar en el tenebroso caso Ruiz Massieu, quienes, una y otra vez, han evitado cruzar el umbral de los escabrosos antecedentes personales de la víctima que pudieran confluir hacia los linderos del amafiamiento. Al procurador Jorge Madrazo Cuellar (…) le pregunté al respecto: ¿Sigue usted alguna línea sobre las preferencias personales del señor Ruiz Massieu y las posibles implicaciones de las mismas en el homicidio? (…) es evidente que la mayor parte de las averiguaciones se han filtrado a los informadores; no así lo relacionado con las particularidades de conducta de los presuntos involucrados. (…) hay quienes alegan que no debe escudriñarse en la vida privada para resolver los escándalos públicos. ¿Cómo, entonces, sería posible resolver los crímenes pasionales? ¿Y las vendettas surgidas de las intimidades mancilladas y los amores frustrados? José Francisco no era homosexual, alega quien fuera su abogado, Javier Olea Peláez. “Adriana Salinas lo señaló por ello… (Con mayor razón)… tal es la razón para investigarlas exhaustivamente, sobre todo cuando se ha presentado el homicidio…
¿Si el homicidio de Ruiz Massieu golpeó el corazón de Carlos (…) no aceptaría perdonar ni mucho menos apoyar al ejecutor? -cuestiono a Canavati Tafich-. ¿Cuánto sabe el (…) doctor Zedillo al respecto? ¿Tanto para callar como garantía de su seguridad personal? (…) ninguna acción ha realizado ni permitido efectuar a sus colaboradores directos que pudiera comprometer... "Ernesto Zedillo no perdonó que denunciara a los dirigentes del PRI el 23 de noviembre de 1994. Se vengó por eso. Para encontrar a los homicidas de mi hermano hay que iniciar una investigación que empiece por Zedillo. Él y yo supimos que no era ajeno a los dos crímenes políticos de 1994". Escribió Mario Ruiz Massieu en carta póstuma el 15 de septiembre de 1999, antes de supuestamente suicidarse.