¡HIJOS DE PERRA…! IV
Los Escándalos, de Rafael Loret de Mola Vadillo. “La “cofradía de la mano caída” 4. “Guillermo Ortiz Martínez, quien comenzó el periodo zedillista como secretario de Comunicaciones y Transportes, pasó a los veintiocho días del arranque a la titularidad de Hacienda y posteriormente fue designado gobernador del Banco de México en pleno cruce de responsabilidades: él y no otro fue el amigo más cercano de Córdoba Montoya ¿conoces la historia? si, Ortiz le abrió las puertas de su casa y el primer departamento de Córdoba en México, luego de su arribo en un barco repleto de bailarines, incluyendo a uno muy cercano a quien seria “eminencia gris” del salinato, era propiedad de la madre de don Guillermo, en Polanco. ¿No lo trajo entonces Salinas? quizá llego con su aval… pero Guillermo Ortiz fue el primero en protegerlo, en cultivar su afecto. Fueron, son inseparables.
Entiéndanlo bien. En este sexenio –el del doctor Ernesto Zedillo Ponce de León- nadie puede tocar a Guillermo Ortiz Martínez ni a Eduardo Fernando García. ¡Ah!, tampoco a Jaime Camil. Quien lo haga, lo hará bajo su propio riesgo, ¿eh? ¿Quién es Jaime Camil? No sale de Los Pinos. Es el mejor amigo, el confidente…, el íntimo, el socio. Nadie, como él, para convencer al presidente… ni para alegrarle tras una jornada tensa (…).
Cervera,… Gamboa, lograron consolidar ambiciones y posiciones, …, durante el periodo delamadridiano, una época en el que las chispeantes anécdotas, las más silenciadas, dibujaron el nivel de descomposición de la estructura del mando. Las formas se perdieron, la compostura también. Celebre fue aquel encuentro en la playa, en el “Rincón de Guayabitos”, cuando la comitiva presidencial, con buena parte del gabinete presente y un eufórico Miguel de la Madrid, paso por encima de las apariencias y protocolos. Que dice el señor -comunicaron a los meseros contratados para el evento- que se vayan. Quieren estar solos. Los únicos testigos, claro, fueron los infaltables elementos del Estado Mayor Presidencial aunque algunos servidores, los más lentos, alcanzaron a observar, de lejos y de reojo las dimensiones del festín: -gritaban de a madres- platicó uno de los camareros retirados por instrucciones superiores y generosamente compensados. Yo los vi bailar. ¿Cuándo aparecieron las muchachas? ¡No, hombre! ¡Entre ellos mismos! ¿Y el presidente? Ahí estaba, claro. Y no fue esa la primera vez. ¡Qué va! Eduardo Pesqueira, el gordinflón secretario de Agricultura entonces, fue siempre el blanco de las mayores bufonadas. El señor De la Madrid, cuando estaba más entusiasmado, casi le exigía que se subiera a las mesas: ¡Que baile “pescuezo”! ¡Que baile “pescuezo”! (…) y aquella mole humana, sin detenerse, subía por encima de sillas y cabezas y movía las caderas, el esqueleto, aplastado por kilos y kilos de grasa, todo cuanto podía. Hasta que las tablas cedían. Pero el “gordo” Pesqueira cometió una equivocación que le privo de continuar con su ascendente “carrera” burocrática. Una noche, al calor de los cantos del juglar del grupo, el regente Ramón Aguirre, y embriagado por los humos y olores del “XO” añejado, don Eduardo hizo blanco de sus bromas al secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari. ¡Vente para acá, pinche pelón!- ordenó Pesqueira al tiempo que el presidente no cesaba de carcajearse-. Te voy a poner guapo. Quien sabe de dónde (…) aireó una rubia peluca femenina y colocó sobre la incipiente calva de quien llegaría, por méritos propios a la ansiada presidencia de la república. ¡Ahora si te ves bonito! – concluyo Pesqueira al tiempo de estampar un sonoro ósculo en la mejilla de la “victima”.
Mientras, el señor Sada y el Director General del Grupo, Adolfo Lagos Espinoza, sobrino de don Manuel Espinoza Iglesias… hacen política, estrechan relaciones y afianzan alianzas… incluso personales. “Es que don Adrián es, ya sabes, bastante singular.” ¿Integrante de la cofradía de la mano caída? “Hay quienes lo aseguran.” Pero, eso sí, nadie duda de su cercana relación con el doctor Zedillo. Se llevan bien, hablan con frecuencia y acuerdan sin límite de tiempo. Quizá por ello el Grupo Serfin ha sido motivo de las generosas aportaciones oficiales con dinero, claro, de la ciudadanía cautiva.
(…) por Tabasco se incubo otro drama… Durante el periodo del desatado Luis Echeverría Álvarez, Carlos Loret de Mola, a la sazón gobernador de Yucatán me confió preocupado: veo muy cerca a don Luis de dos jóvenes gobernadores Carlos Armando Biebrich, de Sonora, y (…), el tabasqueño ese metido en Quintana Roo. ¿Te refieres a…? ¡A que son sus debilidades! Punto.