El Jefe (versión 2018)
@UTufigno
“Nadie podría beneficiarse con escudriñar papeles que nada dicen y menos significan. La bancada panista acepta que se destruyan esos míticos documentos, -¡cállense!-, y que esos cientos de toneladas de papel se procesen, se reprocesen y se regeneren”, dijo Diego Fernández de Cevallos desde la tribuna de la Cámara de Diputados el 20 diciembre de 1991. El entonces coordinador de los diputados del blanquiazul se refería a las boletas electorales de la elección presidencial de 1988. ¿En verdad nada decían y significaban las boletas electorales?
Con su voz estruendosa, el panista era fuertemente aplaudido por los tricolores que buscaban que las boletas fueran destruidas y no quedara ni el menor rastro de lo que realmente ocurrió en las elecciones presidenciales de 1988. A la distancia, seguramente Carlos Salinas de Gortari sonreía complacido por los servicios que le prestaba el abogado investido como legislador.
En esa legislatura Diego Fernández se convirtió también en el coordinador de facto de los priistas: prácticamente todo lo sometían a su consideración, lo que le ganó el mote de “El Jefe Diego”. Por supuesto, dadas las reglas no escritas del sistema político mexicano, esto no podría haber ocurrido sin la instrucción del jefe máximo del partido gobernante. En ese momento, Carlos Salinas.
Con su pinta y rostro de soldado español de tiempos de la conquista, alcanzó la postulación de su partido en las elecciones presidenciales de 1994. En el debate de candidatos superó fácilmente a sus contrincantes, Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas. Su figura se catapultó y ascendió en las encuestas. Pero algo pasó que desapareció de la escena pública. Los mal pensados señalan que vendió la elección a favor del PRI.
Junto con la llegada de Vicente Fox a la silla presidencial, Diego se convirtió en senador, órgano legislativo del cual llegó a ser su presidente. Desde esa posición “El Jefe” se convirtió en una pieza clave de los llamados videoescándalos con los cuales atacaron a Ya Saben Quién en 2004.
En reciente entrevista con un semanario de circulación nacional, Fernández de Cevallos acepta: “Un día se me presenta un señor de nombre Carlos Ahumada… y me dice que estaba siendo perseguido por el gobierno de la ciudad pero que traía cosas muy importantes que quería poner en mis manos. -¿De qué se trata?-, pues de estas grabaciones. Y me presenta unas grabaciones”.
Diego relata que hasta la tercera vez que Carlos Ahumada se presentó con él, le mostró imágenes claras y audibles de los videos. “Bueno, muy bien, -¿qué quieres?-, que me apoyes con dinero para poder pagar un (adeudo) que tengo. Cómo no, yo te apoyo. No me pregunten más. De lo de Bejarano yo lo hice”.
Debo decirles que, en lo esencial, esta parte de lo afirmado por Diego Fernández es consistente con lo relatado por Carlos Ahumada en su libro Derecho de Réplica: “Yo en lo personal no decidí la manera de dar a conocer los videos. Eso lo decidió Carlos Salinas. Me planteó la estrategia junto con Diego Fernández” (p.152). “Salinas fue el cerebro de los videoescándalos. Yo fui el de los videos… en cuanto a Diego Fernández de Cevallos, él fue el coordinador” (p.153). “Una vez decidido el medio y la fecha en que se exhibirían los videos de la corrupción, se los entregué a Diego Fernández” (p. 153).
En el mismo libro Ahumada hace un retrato del papel de Diego Fernández: “En esos días descubrí que Diego era realmente un títere de Carlos Salinas. Respondía de tal manera a sus peticiones, a sus instrucciones, que en verdad era impactante que el presidente del Senado… se sometiera con tanta facilidad a Salinas. No dialogaban. Salinas le daba órdenes cuando hablaban” (p.153).
Para las elecciones presidenciales de 2012 fue notorio cómo los panistas abandonaron a su suerte a Josefina Vázquez Mota, incluido “El Jefe Diego”, quien de por sí había disminuido su presencia en espacios públicos luego de haber sido secuestrado y pagado una cantidad millonaria.
Para 2018, en el que la permanencia del PRI se ve seriamente comprometida, Diego Fernández vuelve a aparecer, ahora como defensor oficioso de Ricardo Anaya. Aunque no hay que creerle mucho porque los papeles que ha desempeñado no han sido del lado de la democracia. Cuando Diego aparece, nada bueno puede esperarse.