Del lado optimista podemos decir: 1) Que ha crecido la conciencia y la politización. La gente no acepta las versiones oficiales, rechaza enérgicamente lo que no puede entender o lo que considera injusto o dañino. La respuesta popular al cese de Carmen Aristegui es un botón de muestra. 2) Se ha producido una revolución silenciosa que empezó en los años 60, se incrementó en los 80 y va en aumento. Para contener el poder de la gente han sido necesarios enormes fraudes electorales, pero la presión no disminuye. Parte mayoritaria de la población ha pasado de ser súbditos a ciudadanos cada vez más participativos y conscientes. 3) El estancamiento económico se ha vuelto una incitación poderosa.
Millones han emigrado a Estados Unidos, donde muchos triunfan a pesar de las adversidades. El flujo de sus remesas mantiene a flote nuestra economía. Millones que se han quedado sin empleo pasan a la economía informal y con gran ímpetu prosperan o medran. En fin, la población ha madurado, se ha politizado y el régimen parece entrar en una etapa de resquebrajamiento. Nuestra gente ama la vida y su disfrute y renueva sus trabajos cada día diciendo: “hay que echarle ganas”. La partidocracia y la oligarquía no pueden responder a tan grande vitalidad. Es evidente que conforme avancen los meses esta tensión dramática entre dos polos va a aumentar. Por favor, lectores, saquen sus propias conclusiones y les informo que descansarán de esta columna dos semanas: nos vemos aquí mismo el 6 de marzo. joseaorpin@hotmail.com
