• La Verdad del Sureste |
  • Domingo 22 de Febrero de 2026

Los de abajo

La ultraderecha busca empañar el 20 de noviembre con violencia
 

*Su objetivo es desestabilizar al gobierno de México; son golpistas

Publicado el:

Alejandro Hernández


Hoy, 20 de noviembre, se conmemora el 114 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana con el tradicional desfile cívico-militar en la Ciudad de México. Sin embargo, esta celebración podría verse empañada por el anuncio de sectores de la ultraderecha mexicana de convocar a una protesta que, según las autoridades, busca generar confrontación y violencia.
 

Los mismos grupos que el sábado 15 de noviembre impulsaron la marcha supuestamente “orgánica” de la Generación Z —en realidad financiada con decenas de millones de pesos en publicidad digital y orquestada por sectores de la oposición tradicional (PAN, PRI, Movimiento Ciudadano), empresarios y figuras como Jorge Castañeda— son los que ahora llaman a manifestarse el día del desfile militar.
 

Lo que fue convocada primero como una marcha de la “Generación Z”, por seguridad y contra la corrupción, fue transformada por los partidos opositores en una contra la inseguridad y las reformas constitucionales que derivó en actos violentos: encapuchados del llamado “bloque negro” lanzaron objetos contundentes contra policías que custodiaban el Palacio Nacional, dejando más de 100 agentes lesionados y 20 detenidos.
 

Lejos de haber represión, hubo agresión premeditada, como lo demuestran videos y fotografías. Grupos aleccionados se lanzaron contra las vallas metálicas y los policías, cuando bien pudieron haber realizado un mitin en el Zócalo sin mayores contratiempos. No hubo oradores, hubo golpeadores.
 

QUIEREN VÍCTIMAS
 

Coincidir una protesta con el desfile militar —donde participan miles de elementos armados, vehículos blindados y aeronaves— eleva exponencialmente el riesgo de enfrentamientos graves.
 

Provocar al Ejército mexicano, una de las instituciones con mayor prestigio y aprobación ciudadana entre 80 y 90 % según encuestas, constituye una grave irresponsabilidad y un desafío de alto costo político.
 

El objetivo es evidente: forzar una reacción de las fuerzas del orden que permita a la oposición fabricar la narrativa de un gobierno “autoritario” y “represor”, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, comparándola falsamente con Gustavo Díaz Ordaz y la masacre del 68.
 

Con esas imágenes buscarían justificar, incluso, una petición de intervención militar de Estados Unidos para, según ellos, “restablecer la democracia” destruida por Morena y su gobierno.
 

Tras la contundente victoria de Morena en 2024, la oposición ha perdido terreno electoral y credibilidad. Al no tener propuestas viables ni respaldo popular, recurre al espectáculo y a la violencia como estrategia de desgaste.
 

Presentar el 20 de noviembre como “día de rebelión contra la dictadura” no es más que una mascarada para intentar desestabilizar al gobierno legítimo, que cuenta con amplio apoyo ciudadano.
 

Repetir la fórmula coincidiendo con el desfile cívico-militar, un evento sagrado que conmemora la Revolución de 1910, con miles de uniformados, eleva la apuesta.
 

Analistas consideran que un intento de irrumpir en el desfile podría interpretarse como una amenaza a la seguridad nacional.
 

La propia presidenta Sheinbaum lo ha señalado con claridad: “No vamos a caer en la provocación”. Sabe que lo que buscan son imágenes de represión en un día simbólico, donde cualquier roce con militares sería amplificado internacionalmente como prueba de autoritarismo.
 

En su conferencia de este miércoles, la mandataria retrató sin ambages a sus adversarios: “La oposición en México no tiene propuesta para el pueblo. Solo mentiras e hipocresía. Su propuesta es la ultraderecha. Ahora recurren a actos violentos, pero el pueblo no los sigue. En México hay plena libertad de expresión y de manifestación”.
 

México merece debates de ideas y soluciones, no circos ni provocaciones que pongan en riesgo la paz social. El 20 de noviembre es día de honrar a la Revolución y a sus instituciones, no de utilizarlas como escenario de confrontación política.