Los de abajo

De la pleitesía a la distancia: el declive del viejo periodismo en Tabasco
*Ahora simulan ser críticos del gobierno, pero son voceros de quienes anhelan regresar a despacharse del erario público


Este domingo se celebra en el país el Día de la Libertad de Expresión. La efemérides ya no es recordada con la suntuosidad y la parafernalia del poder ni los periodistas son festejados como en los viejos tiempos del PRI gobierno.

En aquella época, era la ocasión propicia para lisonjear al poder, congraciarse con el presidente y el gobernador en turno. Eran celebraciones fastuosas donde los principales dueños de los periódicos y medios de comunicación, que no el reportero de a pie, compartían el pan y la sal con el todopoderoso.

La rendían pleitesía y se dejaban querer y seducir por el poder. Estaban al servicio del presidente o del gobernador. Hubo un magnate de los medios que llegó a declararse soldado del PRI. No había sana distancia, ni independencia sino una sumisión total.  

Se pronunciaban sendos discursos y se otorgaban premios no por méritos estrictamente periodísticos sino en pago a su entreguismo. Todos hablaban de libertad de expresión de dientes para fuera; el presidente o gobernador se declaraba respetuoso de ella y garantizaba el derecho a la información, pero en los hechos censuraba y mandaba callar a quien le resultaba incómodo.

Los periodistas optaban por no incomodar al poder. Era más lucrativo para ellos guardar silencio, no informar, que publicar notas críticas o contrarias al gobierno. Así aseguraban el sobre mensual, los dádivas, las comilonas, regalos, entre otros mecanismos de control.  

Aquí en Tabasco, solo un selecto grupo de periodistas y dueños de periódicos y medios de radio y televisión, eran convocados por el gobernador para premiarlos por su obediencia ciega.

En los tiempos de Roberto Madrazo, el agasajo se realizaba en la Quinta Grijalva. El anfitrión entregaba premios estatales de periodismo no por capacidad o mérito periodístico, sino como pago de cuota al medio al que pertenecían los premiados.

Obviamente a ese convite nunca era invitado La Verdad del Sureste, único medio crítico de ese tiempo, que no se doblegaba al poder de Madrazo. El exgobernador tenía en un puño a toda esa caterva de periodistas, pero jamás pudo controlar ni impedir la labor desarrollada por el periódico de la Sociedad Civil.

El único medio que leía en ese entonces Madrazo, era La Verdad del Sureste , lo que le molestaba en demasía. Con todas sus limitaciones, nuestro periódico siempre se comportó a la altura de las circunstancias. Jamás lo pudo doblegar.

Ni el malogrado intento de un periodista mercenario como Audelino Macario, quien como un vil Judas quiso vender por unas muchas monedas la línea editorial del periódico al exgobernador Manuel Gurría Ordóñez, a través de su vocero Jorge Alberto Javier Quero.

Hoy, al servicio de Adán Augusto López Hernández, Macario hace lo que mejor sabe hacer: el trabajo sucio en contra del gobierno de Javier May. Esa es su especialidad. Se dice consultor pero no es más que un engañifa.  

Con el gordo Andrade y el químico Granier ocurrió lo mismo. Ejercieron, como Madrazo, un control total sobre los medios. Repartieron dinero a manos llenas. Los columnistas consentidos del régimen cobraban por no escribir o para adular al gobernador o para atacar a figuras de la oposición.

Defendía a capa y espada al gobernador en turno y hay de aquel que se saliera del guacal. Era llamado a cuentas inmediatamente con el consecuente retiro del sobre mensual. Regresaba al redil, pues sabía que si le hacía al crítico, simplemente no iba a recibir su mesada.

Muchos de esos periodistas en la actualidad añoran esos viejos tiempos. Hoy les ha tocado ya no vivir del chayo, ni de degustar cortes finos o comilonas en los principales restaurantes de la ciudad con cargo al erario.

Hubo quienes en su arrogancia y soberbia, prendían cigarros con billetes de 500 pesos. Pensaron que esos privilegios serían eternos. Un columnista que tiene pésima redacción, tenía a su hijo estudiando al extranjero. Con la llegada del primer y único gobierno perredista, se pensaba que iban a dejar de recibir el consabido sobre. No fue así. Arturo Núñez los cobijó a pesar que muchos fueron muy agresivos con él durante la campaña de 2012.

Los incorporó a la nómina con supuestos convenios de publicidad. Todo marchó bien durante cinco años. Mes con mes recibían su iguala. Hasta que llegó el infausto 2018 en el que el gobierno nuñista, sumido en una crisis económica, ya no pudo darles su chayo.

LES PAGAS Y TE PEGAN

Cuando acabó Núñez su mandato sintió toda la furia de estos “honorables” periodistas. Le armaron toda una campaña de linchamiento mediático, al grado de que el exgobernador no puede poner un pie en Tabasco.  

Con todo el descaro y cinismo del mundo, se dijeron robados, traicionados por Núñez, como si de verdad hubieran prestado un servicio al estado. Con Adán Augusto López Hernández, sufrieron el desprecio y la arrogancia de un político contumaz y autoritario.

No solo no les dio un peso sino que además desapareció la Coordinación de Comunicación Social y creó una Unidad de Información que se limitó a ser emisor de boletines. Esa sequía monetaria propició la desaparición de muchas revistas y medios que habían surgido como hongos en años anteriores y que vivían o sobrevivían con el dinero público.

Solo favoreció a un selecto grupo de periodistas y medios, que perdieron todo decoro y dignidad y se dedicaron a fungir como propagandistas y de tapadera del gobierno de Adán Augusto, primero, y de Carlos Manuel Merino Campos, después.

Muchos periodistas caídos en desgracia pensaron que con Javier May en el gobierno iban a recuperar sus privilegios. No entendieron que esos tiempos se fueron para nunca más volver. Que esos pagos mensuales de 80 o 50 mil pesos ya nunca más se repetirán.

La desesperación ha hecho presa de muchos de ellos y se han lanzado con todo contra su gobierno. De Javier May y sus colaboradores se ha dicho lo que han querido. Inclusive, han recurrido a la infamia, a la calumnia para golpearlo. Ha tenido plena libertad hasta para calumniarlo.

Piensan que a periodicazos lo van a doblegar y que les abrirá las arcas estatales. Es el caso de Homero T. Calderón. No hay día que este columnista no solo critique sino que insulte a los funcionarios y se le tire al piso a figuras controvertidas como Evaristo Hernández Cruz o al flamante Gerente de Responsabilidad Social, Raúl Ojeda, con la esperanza de que alguno se apiade de él. Si hay alguien que no conoce la gratitud es Homero.

En ese contexto se celebra en Tabasco la libertad de expresión. No hubo comida ni entrega de premios. Solo una felicitación en sus redes sociales por parte del gobierno estatal.

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