José del Carmen de la Cruz Cerino, hijo de Juan José de la Cruz Gómez y Juana Cerino Lázaro, nació en Nacajuca, Tabasco, pero desarrolló sus primeros años de vida en Las Choapas, Veracruz. Se graduó como Ingeniero Agrónomo con especialidad en Fitotecnia, de la primera generación del ITA No. 28, gracias al apoyo moral y económico de 10 hermanos, siendo él el sexto.
Durante una entrevista exclusiva con _La Verdad del Sureste_, con motivo del reconocimiento que recibió por 40 años de servicio para el Gobierno del Estado de Tabasco, en el marco del Día del Servidor Público celebrado el pasado 9 de junio, subrayó que durante cuatro décadas ha desempeñado con pasión la tarea que ejerce en el área de su preparación académica.
De la Cruz Cerino, orgullo de sus raíces tabasqueñas, señaló que ha defendido con firmeza los recursos forestales, ganaderos y agrícolas de la entidad, porque aseguró ser hombre de campo, de principios y de palabra. Su historia demuestra que “el éxito no es llegar lejos, es no olvidar de dónde vienes”. Nacajuca lo vio nacer, Tabasco lo vio crecer y el campo lo ve servir. Esta es su plática:
¿Qué experiencias le dejan estas cuatro décadas de trabajo?
—Cuatro décadas me dejan el alma llena. Me enseñaron a decidir con firmeza, a trabajar en equipo porque solo no se llega lejos, a practicar la tolerancia y a sembrar amistades que hoy son mi mayor riqueza. Aprendí que como servidor público cada gesto cuenta: nuestra actitud engrandece o lastima a la institución. Me voy con la frente en alto y el corazón en paz, sabiendo que cumplí.
¿Cómo ha cambiado su trabajo con la tecnología y las nuevas generaciones?
—En 1986 Tabasco fue pionero con el programa de Inspección Fito-Zoosanitaria. Empezamos con máquina de escribir, manuales en físico y radio. Cada reporte era sudor y paciencia.
Hoy todo es digital: computadora, celular, fotos como evidencia inmediata. La tecnología agiliza, pero el campo sigue siendo campo. La diferencia la sigue haciendo el compromiso de salir, caminar la parcela y escuchar al productor. Eso no lo reemplaza ningún aparato.
¿El trabajo cambió su forma de ser?
El compromiso, la ética y la vocación de servicio siguen siendo el principal valor del trabajo público, aun con los avances tecnológicos.
—Me transformó para bien. Ser inspector me obligó a vivir los valores que me inculcaron en casa: honestidad, respeto y justicia. Este trabajo me hizo mejor ser humano. Aprendí a tratar a cada persona como me gustaría que me trataran a mí. Cuando trabajas con el corazón, servir deja de ser trabajo y se vuelve vocación.
¿Qué futuro ve para la burocracia con la Inteligencia Artificial?
—Un futuro que exige prepararse ya. Hoy se necesita dominar la informática, inglés y más idiomas. La globalización no da tregua. La IA será una gran herramienta, pero el criterio, la ética y el trato humano solo los tiene una persona comprometida. El reto es modernizarnos sin perder el alma de servidores públicos.
¿Qué consejo da para cumplir 40 años en el servicio público?
—Tener vocación. Si no amas servir, 40 años se vuelven carga. El servicio público es para quien disfruta ayudar. Si no es tu caso, emprende y sé tu propio jefe. Y nunca te conformes: la mediocridad es el peor enemigo de un servidor y de un estado.
¿Qué mensaje deja a las nuevas generaciones?
—Hagan su trabajo con responsabilidad, pulcritud y honestidad. Que sus hijos estén orgullosos no del cargo que tienen, sino de la persona que son. Prepárense en todo: lean, estudien, cuestionen con respeto. El título te abre la puerta, pero tu carácter y tus valores te mantienen dentro. Tabasco necesita jóvenes con raíces firmes y alas grandes-.
José del Carmen cierra este ciclo con gratitud. Un hijo de Nacajuca que dedicó su vida a cuidar el campo de Tabasco. Su ejemplo nos recuerda que las raíces no estorban, dan fuerza. 40 años de servicio no se cuentan: se honran.
“Nací en Nacajuca, serví a Tabasco y me voy feliz porque sembré donde me tocó”, concluyó.