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La Verdad del Sureste

LA MAQUINA DEL FANGO


Continúo transcripciones de partes que considero claves de ciertos libros que todos debimos haber leído; hoy fragmentos del libro “Número Uno” del maestro de la Universidad de Turín, filósofo, ensayista y novelista Uberto Eco, quien falleciese el viernes 19 de febrero pasado (memorables sus novelas “El Péndulo de Foucault” y “El Nombre de la Rosa” (30 millones de ejemplares vendidos -más copias-). El maestro Eco dijo: “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás”. El viernes 19 de febrero a las 22.30, en Milán, frente al castillo Sforzesco, Italia perdió un pedazo de inmortalidad.
    “El solo hecho de decir algo de alguien crea la sospecha”, La máquina del fango es un modo o forma de deslegitimación del adversario mostrando aspectos secretos de su vida. Asume distintas formas muy curiosas; revelando aspectos de su vida privada (que no importa que sean mínimas o que a veces son mínimas -ni normalísimas-) que le arroje cualquier mínima pincelada de fango; basta decir de él que ha hecho cosas –normalísimas- pero dejando una sombra de duda y extrañeza y creando una sombra de sospecha.
    Hay que pensar una cosa: antes cuando una persona era acusada por un juez tenía que demostrar su inocencia. En Italia, lo que ha pasado con los veinte años del gobierno de Berlusconi, es que cada vez que un juez lo acusaba, él intentaba demostrar que el juez era culpable; así, atacaba: “No me puede juzgar porque él es culpable de algo”.
    Entonces la máquina del fango toma formas muy curiosas. Para deslegitimar a alguien no es necesario sugerir que había asesinado a su abuela o de que es un pedófilo: es suficiente con difundir sospecha sobre sus actitudes cotidianas; es suficiente decir que ha hecho algo normalísimo, pero el simple hecho de decirlo crea o arroja una sombra de sospecha.
    Un juez que había dictado una sentencia contraria a los intereses del Presidente del Consejo, fue seguido por una cámara y se demostró que se sentaba en el banco de unos jardines fumando muchos cigarrillos y tiraba las colillas al suelo. Llevaba calcetines color granate. No, granate no. De un color extraño. No pasa nada si un juez quiere descansar un rato y sentarse en un banco. Aún no está prohibido fumar. ¿Y qué importan los calcetines o su color? Pero esto arrojaba una sombra de extrañeza sobre este juez. Nos imaginamos que él está en su oficina haciendo su trabajo, y sin embargo, este es uno, que va por ahí, fumando en los jardines. Es un poco hippie y quizás se droga; pero no se lo descalifica directamente, se dice simplemente que es estrafalario, que usa calcetines de colores…
    A mí me hicieron una broma parecida. Ha salido un artículo que dice: “El otro día el profesor Eco ha sido visto en compañía de un desconocido en un restaurante chino mientras comía con unos palillos”. ¿Desconocido? Sería desconocido por ellos, no por mí, era un amigo mío. Al restaurante chino voy siempre.         Fue hecho así para arrojar una sombra de extrañeza. No fue una carretilla de fango, fueron unas pequeñas salpicaduras.
    El uso de la vida privada para perjudicar a alguien no es algo nuevo. No, no es nada nuevo, es verdad que siempre se ha utilizado. Se podría afirmar que la vida privada de un político nunca debería ser expuesta, pero esa ya no es una divisa sustentable. Pero, según me parece, últimamente se está intensificando.
    Ahora se insinúan dosieres que quedan en el cajón, que no salen a la luz pública. ¿Qué será más dañino, qué será más peligroso: el fango que se publica o el que se guarda en el cajón como secreto? Una de las técnicas de chantaje consiste en anunciar que se tiene un secreto. No es necesario que este secreto tenga contenido, puede ser absolutamente vacío. Pero el simple anuncio de tener un secreto… (basta para deslegitimar a alguien, es suficiente). Es una actitud infantil: El niño que dice: “Yo sé una cosa que tú no sabes”.
    Pero la técnica del anuncio del secreto ya es una forma de amenaza y de chantaje. Puede serlo en las polémicas como las que se dan actualmente de políticos que han utilizado las tarjetas de crédito que les han dado (para pagos gubernamentales u oficiales) para irse a cenar con su esposa. Es un caso de la vida privada que debe hacerse público porque han hecho algo que no debían. Pero si hubiesen pagado con su tarjeta de crédito personal e (irse a cenar) con una mujer que no fuera su esposa, no habría razón para revelar esta debilidad del político. Pero cada vez se hace más.
    Ha habido una terrible caída moral en el campo de la información pública. Es así. A la gente esto no le importa nada.
    El auténtico fango es esta pasividad de los consumidores de noticias. La política se trata hoy, a base de sospechas y cotilleos.
    Una táctica que no es nueva, pero que Internet ha convertido en más creíble. “Internet puede tomar el puesto del periodismo malo”. Más, las redes sociales.

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