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La Verdad del Sureste

Mi nombre es Bond



@UTufigno
No lo puedo afirmar con certeza pero tal vez estamos marcados por el año en el que nacemos. Por ejemplo, en mi año de nacimiento se integró la banda The Beatles tal y como ha pasado a la historia; Fidel Castro fue excomulgado por el Papa Juan XXIII, y comenzó la saga de películas del agente 007, James Bond. Y así, sólo al voltear hacia atrás, me doy cuenta que mis viejos acetatos de The Beatles, como grupo y como solistas, son mayoría por sobre otros grupos; que soy un devoto de la blasfemia, y que –no sé cuándo- he visto casi todas las películas del glamoroso espía británico, amante de los buenos trajes, los autos de lujo y huidizo galán de las chicas que lo rodean.
    Para la nueva producción del 007, “Spectre”, la Ciudad de México fue el escenario elegido para la primera escena: la consabida persecución –dura no más de cinco minutos- que culmina, al menos así parece, con una vista de la gran capital. De esta forma, será la primera vez que nuestro país es visitado por el agente “al servicio de su majestad” en una de sus misiones secretas. Lo que ya no es un secreto es el hecho de que el gobierno mexicano determinó pagar a la productora de la película la mínima cantidad de 14 millones de dólares, vía estímulos fiscales. Se preguntarán con toda razón: ¿y yo por qué?
    Según ha trascendido, los 14 millones de dólares se le entregan al 007 para que, de alguna forma, se “suavice” la imagen del contexto social y político de México, se omita la presencia de las policías nacionales, se incluya a una actriz mexicana y se venda la imagen de un país “moderno”. James Bond, estimulado por la lógica del “no me daré por mal servido”, aceptó las condiciones propuestas, lo que implica el cambio del guión original para que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México no sea el blanco del atentado inicialmente previsto, sino un líder mundial.
    Aunque no sería la primera vez que un actor/actriz de origen mexicano aparece en las cintas del 007 –Pedro Armendáriz padre y Joaquín Cosío, “El Cochiloco”, ya lo habían hecho- supongo que la inclusión de una actriz mexicana es para justificar el incentivo fiscal, cosa que de otra forma sería muy cuestionable ya que no se trata de una producción nacional. Pero qué importa, si por menos de lo que cuesta el avión presidencial se va a posicionar en los escenarios internacionales la visión de una capital que es gobernada por y para los requerimientos del neoliberalismo transmutado en desarrollo urbano.  
    La Ciudad de México, sede de los Poderes de la Unión y capital receptora de las mayores muestras de descontento social del país, enfrenta desde hace algún tiempo una amenaza que se ha extendido como hongos en época de lluvias. Los rasgos de esta amenaza, apenas perceptibles si se les considera por separado, comienzan a ahogar a los habitantes del Distrito Federal; medidas dispersas en materia de desarrollo urbano sólo tienen lógica si se les aprecia en conjunto.
    ¿Qué intensidad sísmica pueden soportar los grandes edificios que se arremolinan sobre Paseo de la Reforma o las nuevas construcciones que están por comenzar en los linderos del llamado Circuito Interior? ¿Cuánta extracción adicional de agua se requiere para cubrir las necesidades de los miles de habitantes que ocuparán los nuevos edificios? ¿Y los servicios de drenaje y vialidad serán suficientes para la demanda que se incrementa día a día?
    A nivel internacional se ha acuñado la palabra “gentrificación” para describir el fenómeno urbano mediante el cual la gente originaria de un lugar determinado es desplazada por otra que tiene un mayor poder adquisitivo. Esto es lo que está en el fondo de medidas tales como la imposición de los llamados parquímetros en las vías públicas -aún en zonas estrictamente residenciales-, el programa vehicular “hoy no circula”, la modificación a los usos de suelo en colonias tradicionalmente habitacionales, la construcción de vialidades de paga, y la tala de cientos de árboles para satisfacer a los nuevos edificios. Alguna vez el Distrito Federal fue gobernado por la izquierda; hoy lo gobierna el neoliberalismo urbano.    

      

 

 

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