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La Verdad del Sureste

El modelo económico de Antorcha: gasto social


Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,  fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica  y articulista en la revista económica Trimestre Económico

El modelo económico de Antorcha plantea la necesidad de una redistribución del gasto social, es decir, el gasto que el Gobierno federal, así como los gobiernos estatales y municipales realizan con base en la recaudación que realizan.
    Es necesario hacerlo en virtud de que, como vimos en la anterior colaboración, quien más paga impuestos es el pueblo, pero no recibe a cambio un mejor nivel de vida, sino, por el contrario, descubre el enriquecimiento exacerbado de unos cuantos que someten a los que más necesitan y que trabajan, crean la riqueza, pero que no disfrutan de ella.
    El actual Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, escribió el libro cuando era candidato: México, la gran esperanza, una obra que pretende demostrar que a México le hace falta construir un modelo en el que el Estado juegue un papel principal y eficiente; en dicho libro se sostiene que hace falta construir un “Estado eficaz” y se recoge un dato revelador del PNUD (Informe sobre desarrollo humano México, 2011), “sólo el 13 por ciento del gasto público federal en desarrollo humano (educación-salud-apoyos al ingreso) llegó a 20 por ciento de la población con menos ingresos en 2008, mientras que 32 por ciento del gasto benefició a 20 por ciento de la población más rica”.
    De otra fuente podemos leer que “64 por ciento de la riqueza en el país la posee 10 por ciento de la población más acaudalada, según el Reporte Global de Riqueza elaborado por Credit Suisse”. Otra fuente nos dice que “los ricos ganan en México dos mil 53 veces más que el 20 por ciento más pobre”.
    Como se ve, se hace necesaria la distribución del gasto público de forma más equitativa, esto es, que los que menos tienen reciban más y la sociedad pueda equilibrarse en virtud de que nuestra sociedad es hoy una de las más desiguales del mundo.
    El gasto social se debe orientar, por ejemplo, a la educación. No obstante, y aún cuando el ocho por ciento del producto interno bruto (PIB) debería destinarse a educación según la recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo que en realidad sucede es que en 2011, 5.1 por ciento del PIB del país se destinó al gasto en instituciones educativas, cifra inferior en un punto porcentual que el promedio de la OCDE (6.1 por ciento); otros países de América Latina, como Argentina (7.2 por ciento), Chile (6.9 por ciento) y Colombia (6.7 por ciento) invierten más que México.
    La reforma educativa, que algunos califican como reforma laboral, ha puesto a muchos maestros en jaque, temerosos de perder lo que hasta hoy han alcanzado: su plaza. Para garantizar a los mexicanos el derecho a la educación de calidad, se debe hacer una fuerte inversión en materia de infraestructura; para lograr la correspondencia entre los medios y los fines.
    Se dice que habrá una fuerte inversión de más de 50 mil millones de pesos; pero también que habrá un recorte de 135 mil millones de pesos que golpeará a los nuevos programas (como el de inversión educativa). Si queremos salir del atolladero social en el que estamos, si queremos dejar de ser el penúltimo país de los de la OCDE en Matemáticas y Español, necesitamos reorientar el gasto social a educación: crear más escuelas, albergues estudiantiles para todos los que lo necesiten, becas para los jóvenes en cantidad y calidad suficientes, etcétera, no hay de otra.
    Por otro lado, la salud es clave para nuestro país; sin embargo, aunque formalmente muchos tienen “seguro” o “seguro popular”, no tienen acceso en serio a una atención de calidad.
    Se han hecho inversiones, sí, pero debe tomarse en cuenta que somos un país de 130 millones de habitantes; que a pesar de los avances en la erradicación de varias enfermedades (como la polio), el pueblo mexicano tiene problemas graves en materia de atención y de salud; por ejemplo, en la atención primaria, en los centros de salud se dan unas cuantas fichas; entre cinco y diez pacientes son atendidos por día; la demanda no se satisface; el segundo nivel: los pequeños hospitales regionales no se dan abasto.
    La burocracia médica es muy alta y la muerte en los hospitales o los padecimientos golpean con más frecuencia a la población. Se sabe que 6.2 por ciento del PIB se destina a salud en México, mientras que en Cuba se destina el 8.8 por ciento, en Canadá y Dinamarca más del 10. Urge una reorientación del gasto público hacia el sector salud, también es necesaria.
    Se requiere, también, revisar el gasto en materia de burocracia, especialmente a la luz de sus resultados. El gasto que genera la burocracia mexicana equivale al PIB de Uruguay, es decir, todo lo que produce Uruguay en un año es el equivalente de lo que nosotros gastamos para pagar a esa burocracia. Necesitamos que una inversión tan alta reditúe en un mejor nivel de atención de los mexicanos. Se supo también que un “proyecto deportivo” de mil 200 millones de pesos consistió en una carretera de cuatro carriles que atravesaba un cerro y otras tantas lindezas. Pues resulta que el tal “proyecto deportivo” iba a parar a un campo de golf. ¿Qué le parece, amable y paciente lector? Así se gastan nuestros impuestos. Esto confirma la necesidad de reorientar el gasto público.
    En resumen, la tendencia a favorecer a los más ricos fomenta irremediablemente la desigualdad y la pobreza.
    Una palanca poderosa para promover la redistribución de la riqueza es, efectivamente, el Estado; sin embargo, una condición necesaria para que cumpla un papel redistributivo, estricto y eficaz, es que esté en manos del pueblo trabajador. Siempre que la clase poderosa gobierne, favorecerá a los ricos.
    Hace falta un cambio de clase en el poder para que el modelo planteado por Antorcha pueda cumplir su papel: los partidos hoy existentes, tal como están, no garantizan un cambio de clase en el poder.
    La tarea del Movimiento Antorchista y del pueblo de México es educarse, unirse, combatir sus egoísmos, convencerse de que Antorcha es la salida a sus males; el pueblo tiene que luchar por el poder político para instrumentar este plan económico, con lo que México se convertiría en una nación con más justicia, equidad, soberanía, prosperidad y desarrollo, a la altura de sus hombres y mujeres, que mucho producen pero poco disfrutan.
    Un México mejor es posible.

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