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La Verdad del Sureste

El modelo económico de Antorcha: los impuestos


Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX)
con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,
fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
y articulista en la revista económica Trimestre Económico

Pocos aceptan de buen grado la instrumentación de los impuestos en nuestro país. La sola palabra es ofensiva, pues un impuesto es una carga económica que se nos impone, querámoslo o no.
Sin embargo, ya se nos ha hecho habitual su existencia vía los impuestos al valor agregado (IVA) y sobre la renta (ISR), entre otros, que nos aplica el Gobierno sin que mentalmente llevemos la cuenta de su monto.
    Pero lo más lamentable de este hecho está en que la política de distribución de la carga tributaria es injusta y desequilibrada, pues los trabajadores del sector formal de la economía, la mayoría con bajos ingresos, son perjudicados con la retención de 32 por ciento del ISR sobre sus salarios –de cada 100 pesos que ganan sólo reciben 68 pesos– que sumados al 16 por ciento que deben pagar en la adquisición de alimentos procesados y algunos servicios (con un costo promedio de 11 pesos) hacen 43 de cada 100 pesos, lo que nos permite hablar de un impuesto efectivo de 43 por ciento.
    De los 57 pesos que le quedan al trabajador formal de cada 100 que gana, hay que agregar los pagos del impuesto predial, del servicio agua, la tenencia del vehículo, etcétera y, por ende, la vida del trabajador mexicano que labora de 10 a 12 horas por día, es una vida terriblemente golpeada.
En una situación menos onerosa con respecto a estas imposiciones, los trabajadores informales, quienes representan 60 por ciento de los mexicanos  y no tienen culpa de estar ahí, sino del sistema que no les brinda oportunidades de empleo formal, también están sujetos a los impuestos en forma indirecta a través del IVA, que ya se ha intentado aplicar a los alimentos y las medicinas, lo que sería una gran injusticia para la mayoría de los mexicanos.
    Este tipo de tasas impositivas se alcanza a ver en países europeos y en Canadá, por ejemplo. Sin embargo, las retribuciones por impuestos allá tienen su contraparte en buenos servicios públicos, atenciones de salud y educación de primer nivel. Acá no sucede lo mismo.
    El mexicano paga impuestos, pero no ve que le sean retribuidos por la vía de un buen sistema de salud, transporte, vivienda, alimentación, educación, etcétera; por el contrario, se percibe una sensación de desagrado, pues por los escándalos de corrupción que han ocurrido en México, se descubre la punta del iceberg en el mal uso de los impuestos que los mexicanos pagamos.
    Tal parece que se trata de un mecanismo para promover el enriquecimiento de los funcionarios públicos y de un recurso más para propiciar el nacimiento de nuevos capitalistas.
    Por lo que se refiere a los regímenes de excepción, vale la pena decir que las empresas dejan de pagar millones de pesos por impuestos diferidos y que por la vía de la consolidación fiscal –sistema por el que en términos generales se permite a diversas empresas declarar sus impuestos como grupo o consorcio, a fin de que éste concilie ganancias y pérdidas– reportan finalmente declaraciones impositivas irrisorias y ridículas, como fue el multicitado caso de Walmart, que en 2009, por ejemplo, pagó menos de 100 pesos de ISR.
    De esta manera, los grandes consorcios, además de tener un grupo de especialistas para estudiar las debilidades de la ley mexicana y asirse de ellas para evadir impuestos, son tratados “con pincitas” para evitar que se lleven sus capitales de México.
    Por supuesto que el trato que recibe el trabajador mexicano no es el mismo que el que se brinda a los empresarios; por el contrario, se estima que 70 por ciento de los impuestos que capta el Gobierno proviene de los trabajadores, mientras que el 30 por ciento restante le corresponde, en su mayoría, al régimen impositivo de Pemex, por lo que el porcentaje de los impuestos que pagan las empresas es mínimo.
    Los pequeños comerciantes no pagaban impuestos por el régimen de los Repecos; sin embargo, ha sido eliminado y en ocho años estarán pagando ISR; de esa forma se incrementará la recaudación, pero nuevamente a costa de los pequeños empresarios. ¿Y las grandes empresas?
    Finalmente, la política de gasto debemos revisarla con puntualidad. La burocracia mexicana es una de las más caras del mundo; equivale al producto interno bruto (PIB) de Uruguay. En el siguiente artículo veremos cómo el gasto social también está desequilibrado, pues favorece a los que más tienen. Por todo lo dicho, es claro que México requiere una política de pago de impuestos progresiva.
    Cuando Antorcha gobierne México, con la conciencia y la aprobación de los mexicanos, vamos a cambiar la política impositiva. Haremos que los que menos tienen dejen de pagar impuestos y que los que tienen más paguen lo que corresponde. De hecho, sería una forma efectiva de elevar el salario de los trabajadores.
    Por ejemplo, aquellos que pagan el ISR y que sean trabajadores con ingresos bajos, podemos darles una tarjeta para que no paguen IVA y aquellos que estén en el sector informal podrán gozar también de este derecho. Eliminaremos regímenes de consolidación fiscal y cuidaremos el gasto social.
    Mediante el uso de los modernos mecanismos electrónicos y con el objeto de elevar los niveles de recaudación fiscal, se ha criminalizado la evasión fiscal y, por lo tanto, hoy son perseguidos con saña quienes no declaran a tiempo o que no saben cómo hacerlo, de tal suerte que ahora existe una persecución implacable contra quienes no pagan impuestos, cuando los que deberían ser perseguidos, por desgracia, reciben la protección oficial gracias a las lagunas y excepciones establecidas en la ley.Los humildes no tienen forma de resolver sus problemas, están a la deriva y sobre ellos se carga siempre la pesada piedra que consiste en generar la riqueza con su sudor y esfuerzo, sin una retribución equitativa.
    En el modelo económico que Antorcha plantea, se buscará una distribución equitativa de la carga fiscal en función de los ingresos de cada ciudadano y se tomará en cuenta su participación en la sociedad; por ejemplo, si una empresa construye un multifamiliar para sus obreros, buscaremos que deduzcan impuestos, y no como ahora hacen las empresas que, disfrazados de hermanas de la caridad, no sólo deducen impuestos sino que atraen recursos públicos para sus propios negocios.
    Un impuesto será eso, la imposición de un pago; pero en la medida en que lo que el Gobierno recibe de aportaciones de la ciudadanía se refleje en un mejor nivel de vida de los ciudadanos, la gente se sentirá mejor aportando a su país.
    Pero mientras los que más tienen gozan de exenciones, transferencias gubernamentales, evasiones y de todo tipo de privilegios, no dejará de ser un mal, pues los afectados son, como siempre, los más desprotegidos de nuestra patria.

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