La derrota de este miércoles ante los Conspiradores de Querétaro volvió a exhibir el principal problema de los Olmecas de Tabasco: la inconsistencia.
No es un tema nuevo, pero sí cada vez más preocupante. Tabasco compite por momentos, incluso muestra capacidad ofensiva en lapsos específicos, pero no logra sostener el ritmo ni cerrar los juegos. Y en una liga como la Liga Mexicana de Béisbol, eso termina costando caro.
La serie ante Querétaro parecía una oportunidad para tomar aire. No lo fue. La derrota no solo pesa por el resultado, sino por el fondo: vuelve a dejar la sensación de que el equipo no termina de asentarse ni en el pitcheo ni en la ejecución en momentos clave.
El calendario, además, no concede tregua. Lo que viene es un examen mucho más exigente: los Bravos de León y los Leones de Yucatán. Dos equipos que hoy marcan la pauta en la zona y que juegan con una claridad que Olmecas aún no encuentra.
Ahí es donde realmente se medirá el equipo.
Porque ya no se trata de un mal arranque, sino de una tendencia que empieza a tomar forma. Si el pitcheo no ajusta y la ofensiva sigue dependiendo de chispazos, el margen de maniobra se reducirá rápidamente.