Paisaje irritado
@UTufigno
En el corazón de Manhattan, Nueva York, se encuentra el museo de arte “Guggenheim” que en sus inicios estaba dedicado al arte abstracto pero que ahora se caracteriza por tener una importante colección de obras del impresionismo. Dentro de éstas destaca una pintura de Vincent Van Gogh, “Paisaje con nieve”, realizada en 1888.
Siguiendo una costumbre de las familias que llegan a la Casa Blanca (la de Washington, no la de las Lomas de Chapultepec), la familia Trump pidió al museo el préstamo de “Paisaje con nieve” para adornar los pasillos de la residencia presidencial.
En el pasado, por ejemplo, los Kennedy pidieron a préstamo una obra del pintor francés Eugene Delacroix y los Obama prefirieron el arte abstracto. Ambas familias no tuvieron problemas para recibir lo solicitado, pero los Trump no tuvieron la misma suerte. O quién sabe. El museo les contestó que no, pero les ofreció a cambio algo que, consideraron, estaba a su nivel.
Las autoridades del “Guggenheim” le ofrecieron a Donald Trump un escusado de oro macizo con una ventaja adicional: el mueble de baño funciona perfectamente, así que no solamente sería un adorno, sino que tendría utilidad. “El trono” fue realizado por el artista italiano Maurizio Cattelan y representa los excesos de las fortunas. Al momento de escribir esta colaboración desconozco si la oferta fue aceptada por los Trump o si les causó alguna irritación (emocional, no en sus traseros).
En nuestro país sería impensable que al ocupante de la residencia presidencial se le diera un trato semejante. Aquí se peca de servilismo. Los medios y las grandes corporaciones empresariales están para rendir culto a quien durante 6 años toma en sus manos el destino de nuestra economía y nuestra seguridad. En tanto poder creador, no encuentra fallas en su actuar y sólo los quejosos de siempre carecen de ojos para ver las bondades de la verdad revelada.
Hace un par de semanas, luego de entregar los Premios de Ciencia y Tecnología, Enrique Peña y varios miembros de su gabinete sufrieron una irritación en los ojos que, según dijo el propio mandatario, fue causada por la luz que iluminó el templete en dicho evento. Tan severa fue la irritación que algunos requirieron atención médica y el uso de lentes oscuros.
La explicación fue confirmada por el Secretario de Salud, José Narro, quien descartó que hubieran existido agentes químicos o biológicos que provocaran la irritación ocular. Sin embargo, considero que bien pudo haber existido otra causa de dicho malestar.
Durante la entrega de los premios, una de las galardonadas subió a recoger su reconocimiento vistiendo una playera blanca con la leyenda “Nos faltan 43”, como para que quede claro que Ayotzinapa va a perseguir al orgullo de Atlacomulco más allá de su sexenio. Ese atrevimiento sí que debió haber irritado los ojos de los presentes. Caray, que falta de respeto para la investidura presidencial, ni que estuviéramos en Estados Unidos.
Para Peña Nieto resulta inexplicable que existan ese tipo de “señalamientos muy duros y lapidarios” -más si son públicos y en su presencia- ya que “poco recogen de los logros y de los avances que hemos tenido como nación”. Se refirió en esos términos al cuestionar a las redes sociales de las que dijo: “a veces son muy irritantes”.
Caray, don Enrique, no se confunda ni quiera confundir. Lo que irrita no son las redes sociales, sino la cifra de muertos de su sexenio que ya superó lo “logrado” por Felipe Calderón; también irrita que nuestros bolsillos vean mermado su poder adquisitivo y que los supuestos beneficios de la reforma energética no aparecen por ningún lado.
Irrita que no se haya resuelto sobre bases lógicas y científicas la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y que no exista una política de Estado para frenar los feminicidios. Irrita que administre el presupuesto público para favorecer a su partido y a sus candidatos, así como la expedición de la Ley de Seguridad Interior a pesar de las muchas voces que argumentaron en contra de ella.
Irritan los gobernadores del “nuevo PRI”, las Casas Blancas, los contratos otorgados a su contratista favorito y el derroche en un avión presidencial que merecería ser adornado con el escusado que le ofrecen a Donald Trump. Piénselo, quizá aún esté disponible.