Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismo cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”, Colosenses 3:19. La unión conyugal fue instituida por Dios cuando creó al hombre y a la mujer, que no puede romperse bajo ninguna circunstancia; solamente la muerte puede separar a los esposos. De esta unión surge el matrimonio como la base de la unidad familiar en la sociedad. Tal y como está establecida en la actualidad, el matrimonio es necesario para la sociedad tanto desde el punto de vista económico, como el de cualquier otro.
La sociedad se desintegraría, si su piedra angular que es la familia, que tiene su origen en el matrimonio, perdiera sus valores como tal. Por ello, podemos decir con bastante seguridad, que aquel que destruye o atente en contra del matrimonio destruye la civilización, porque la familia es el lugar en donde los hijos aprenden los valores que harán de ellos hombres o mujeres de bien, responsables y honestos. Hoy en día vemos con mucha tristeza que cada día son más la familia que se están desintegrando y este es uno los males más severos del país y del mundo, porque que trae como consecuencias problemas sociales como delincuencia, violaciones, drogadicción y hasta la prostitución.
Hoy vemos un México violento, en el que niños, desde los 12 años, son capaces de cobrar una cantidad mínima de dinero por convertirse en narcomenudistas, transportadores de droga o sicarios al servicio de los cárteles del narcotráfico. ¿En dónde están sus padres? ¿Quién está a cargo de ellos? ¿En qué momento permitimos lo que hoy padecemos? Urge, la creación de más leyes que protejan a la familia y es preciso hacer cumplir las existentes para facilitar de esta manera, la unidad familiar y su continuidad como base de la sociedad. No hay mejor plataforma de desarrollo individual que ver por los nuestros. La única forma en la que México podrá vivirse diferente es a través del cuidado a la familia.
Aun cuando el Estado ha faltado a su obligación de velar por el bienestar de la familia, a los ciudadanos nos toca cuidar nuestras pequeñas comunidades de valores, de vida. La desintegración familiar es alarmante actualmente, y cada día las cifras aumentan, además las jóvenes parejas de hoy en día prefieren convivir en unión libre sin ningún tipo de compromiso. ¿En dónde quedaron los valores y sobre todo el temor a Dios? En la familia, debe haber solidaridad, respeto mutuo, amor, comprensión comunicación, responsabilidad y deben trasmitirse a los hijos las virtudes y valores morales, culturales, espirituales y religiosos.
En antaño existían normas, aunque no escritas, en donde se garantiza la seguridad de todos los miembros de una familia, hasta el último día de su vida. Pero la tendencia de hoy en día, es enviar a los ancianos o discapacitados enviados a los asilos, porque se han convertido en una carga, por ello, en las familias las generaciones de padres, hijo y abuelos ya no conviven. Esto ha provocado la perdida de enseñanzas y experiencias religiosas y sociales que solamente los adultos mayores pueden enseñarnos.
“La gloria de los jóvenes es su fuerza y la hermosura de los ancianos es su vejez”, en Proverbios 20:29. Los jóvenes actualmente no “honran a su padre y madre como Jehová Dios ha ordenado en Deuteronomio 5:16, por ello, no es de extrañarse que los valores se estén perdiendo rápidamente. La palabra de Dios nos relata la historia de Timoteo, un niño educado en un hogar cristiano, en donde aprendió las enseñanzas de su abuela y su madre Eunice; con la que podemos corroborar por medio de esta enseñanza bíblica, la importancia que tiene la familia “Y que desde la niñez has sabido las sagradas escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús”, Timoteo 15.
Que maravilloso sería que todas las familias buscaran el consejo en las sagradas escrituras para enseñar a sus hijos, porque “toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”, segunda de Timoteo: 2-16. Hay que hacer conciencia que la unidad familiar es necesaria y para ganar esta batalla los padres debemos reflexionar sobre el trato que le damos a nuestros hijos ha sido el correcto. Porque, es ahí donde sen inculcan los valores.
Démosle entonces a nuestros hijos amor, respeto, preocupémonos por sus diversas necesidades, no solamente las materiales y apoyémoslo en todo. Muchas veces como padres cometemos el gravísimo error, de maltratar a nuestros hijos durante niñez de manera física o psicológica, que dejan una terrible huella en los hijos, que durante toda su vida cargaran un resentimiento y cuando sus padres llegan a la vejez, hay un despego y falta de sentimientos. No debemos olvidar que si un niño crece rodeado de afecto, ese niño tendrá seguridad en la vida y será capaz de desarrollar todas sus actitudes y aptitudes positivas.
Que triste realidad se esta viviendo en nuestros días, ya no hay solidez en el matrimonio, muchas veces he escuchado a ciertas parejas que se van a unir en matrimonio, que si no funciona se divorciarán. Tener una familia significa luchar por ella con todas nuestras fuerzas, porque l problema más grande que tiene nuestra sociedad, es la desintegración familiar. Cuando una familia experimente el dolor del divorcio, los hijos quedan lastimados y no llegan a superarlo, trasmitiendo posteriormente sus frustraciones a sus hijos, porque la estabilidad que necesitaban en su niñez o adolescencia, fue rota por una decisión de los padres.
No se puede tener una sociedad fuerte y bien formada, si continua creciendo el número de familias divorciadas. Los padres tienen que dar el ejemplo sus hijos, sobre la belleza de una familia unida y los conflictos que conlleva la desintegración familiar. Por ello, quiero hacer una invitación muy importante para que ustedes padres de familia, amen a sus hijos, como Dios les ama. Dedíquense el tiempo necesario, reúnanse y coman juntos. Dialoguen y resuelvan sus problemas, ténganse paciencia no dejen que su hogar se destruya.
Luchen juntos y nunca se olviden que en los peores momentos la familia siempre debe estar unida. Tampoco deben olvidar, que la base fundamental para un hogar próspero, es Jesucristo. El es la estructura verdadera que soporta tu hogar. “Salmo: 127; “si Jehová no edificaré la casa en vano trabajan los que la edifican”. Si tienes problemas familiares, no fue casualidad que leyeras este artículo, porque Dios quiere ayudarte y él tu necesidad, solamente tienes que buscarle y confiar en èl. Comentarios melita_ihd@hotmail.com.
