La Pejestroika
Dan risa, en verdad que dan risa. O pena, que es peor. ¿Cómo es posible que en 2018 haya quienes afirmen que existe injerencia rusa para favorecer a la izquierda mexicana en las elecciones presidenciales? ¿Pues en que época se quedaron? Ya ni siquiera el agente 007 tiene como enemigo a los rojos comunistas.
En el contexto de la “Guerra Fría” posterior a la Segunda Guerra Mundial surgió en Estados Unidos el “macartismo” como una paranoica respuesta a la amenaza comunista que, según decían, infiltraba agentes encubiertos de la Unión Soviética en diversos ámbitos de la vida social, económica y artística de nuestro vecino país del norte.
Para contener dicha penetración se perseguía a sospechosos de ser informantes del Kremlin, quienes tenían a su cargo la demostración de no ser agentes al servicio de los rojos. Algunos de los sospechosos sí resultaron ser informantes, pero la gran mayoría no lo eran, no obstante lo cual quedaban estigmatizados por mera presunción y se les privaba de su trabajo. De entre los culpables reconocidos, aun sin pruebas contundentes, hubo quienes fueron condenados a la silla eléctrica.
Quien encabezó esta moderna “cacería de brujas” fue Joseph Raymond McCarthy, senador por Wisconsin, personaje que terminó siendo separado del comité que había creado, debido a sus excesos. En su persecución, McCarthy arremetió contra artistas de renombre, como Charles Chaplin, e incluso llegó a cuestionar al ex presidente Harry S. Truman a quien calificó como un peligroso liberal.
No conforme con lo anterior, el senador dirigió sus misiles en contra de unos 30 mil libros por haber sido escritos por “comunistas, pro comunistas y ex comunistas”, los cuales fueron retirados de librerías y bibliotecas. Fue el caso de “Robin Hood”, simplemente porque el personaje les quitaba el dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Seguramente McCarthy debe ser el santo patrón de los publicistas venezolanos que cobran en nuestro país.
En pleno ascenso del calor electoral, los partidos y (pre)candidatos que ven cómo mantiene su lugar el puntero en las encuestas, lanzan torpes ataques en su contra; las infamias que surtieron efecto en 2006 -y en menor medida en 2012- han dejado de ser útiles. Por eso ahora recurren al falaz argumento de la injerencia rusa.
El objetivo central de los neomacartistas ha sido el investigador John Ackerman, quien ha sido tachado de “espía ruso” por el mero hecho de ser colaborador de un medio de comunicación de aquel país. Algo similar a lo ocurrido durante el macartismo cuando emplear la palabra “camarada” era suficiente prueba para ser catalogado como sospechoso de servir a los rojos.
Uno de los más incisivos en el tema, de nombre León (espero que no sea por Trotsky) y apellido Krauze (ajá, un apellido sospechosamente extranjerizante) no sólo está convencido, o al menos eso pretende que parezca, sino que trata de convencer a quienes quieren ser convencidos.
Para soportar sus afirmaciones se apoya en un reporte del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano en el que dicen analizar la estrategia rusa para influir en distintos procesos electorales, cuyo clímax habría sido la elección de Donald Trump. Vaya, al fin Krauze y otros periodistas vinculados a la gran televisora cuestionan la intervención extranjera, pero no cuando las decisiones que han tomado nuestros gobiernos provienen de Washington.
En un mundo globalizado es irremediable que existan vínculos entre actores, instituciones y organizaciones de distintas nacionalidades, pero de eso a suponer que hay una trama rusa para desestabilizar la región a través de las elecciones de julio, media un mar de fantasía. Como si nuestro país fuera tan importante en la geopolítica mundial. Si acaso, la extensa frontera que tenemos con Estados Unidos es un atractivo económico.
Los periodistas afines al poder político descalifican la información que sobre México se publica en la prensa extranjera, y señalan que únicamente hablan mal de lo que aquí ocurre. No, camaradas, hablar de los miles de muertos y desaparecidos, de los feminicidios, de la corrupción y otras lindezas no es hablar mal de nuestro país, es describir la grave situación que vivimos.
Seamos serios y entremos al terreno de las demostraciones. Si para el presidente ruso, México es tan importante, apoyará para que nuestra selección de fútbol llegue a la final del Mundial.