Salinas de Gortari, en sus últimos agónicos días, inundó las librerías con una larga, larga, entrevista que en seis entregas le realizaron Ricardo Rocha y Rolando Cordera. Texto y video. Parecía un “pliego de mortaja”, producto de una entrevista televisada !seis días!, a nivel nacional. Pero como la realidad es contundente, demoledora, cuando Ernesto Zedillo, confiado en su Dr. de bisutería, Serra Puche, “le quitó los alfileres a la economía”, sucedió lo que decía la canción “el encanto se rompió”. El “adobe” de Salinas desapareció de las librerías. ¿Dónde quemarían tantos ejemplares? Salinas pasó de ser el “gurú” del neoliberalismo, el “globalifílico” más destacado, el “supersabio” ayuntado con José Cordóba, a “payaso de las bofetadas” Le cargaron el “muerto” el desastre, además de mandar a “chirona” a su hermano Raúl. Además de los crímenes de Colosio y Ruíz Massieu mientras un diputado tamaulipeco, Manuel Muñoz Rocha desaparecía del escenario. Un diplomático mexicano, el valioso Humberto Hernández Haddad informó de su fugaz aparición en tierras yanquis en compañía del expolicía González Calderoni, tiempo después limpiamente eliminado. Los muertos no hacen ruido. Hernández Haddad fue acallado y súbitamente retirado del servicio exterior. De ahí en adelante y por varios años, Salinas vivió el ostracismo dorado en Irlanda. Viajó por el planeta entero para que se olvidaran de sus propuestas de llevar a México, vía el TLCAN al primer mundo a “jugar en las Grandes Ligas”. Sueños guajiros. Se corrieron muchas bromas sangrientas a costa del hombre de Agualeguas exiliado en la Verde Erín. La más socorrida cuando su hijo le informó que en México lo querían mucho y lo esperaban para hacerle un mole de olla. Replicó:
¿Mole de olla? No hijito, me quieren meter en Almoloya.Después de varios años, empezó como duende a incursionar en México. Viajes relámpago que por cierto coincidieron algunos con temblores de tierra que parecían revelar la ira de dioses ignotos. Acudió discretamente a diversos eventos sociales y para los reporteros fue imposible entrevistarlo.
Después ¡fuera máscaras! Inició febrilmente la recuperación de su credibilidad. Topó con varios elementos a favor. La grisura de Miguel de la Madrid y de Ernesto Zedillo, este último apurado por incorporarse a las transnacionales a las que vendió parte del patrimonio nacional en forma de empresas públicas a precio de ganga y la estulticia de Vicente Fox. “Salinillas”, como lo llamó Fox, fue “tuerto en país de ciegos”. Empezó a atosigar al país con sus “Memorias” que por cierto se rezagaron en ventas y después se encontraban entre libros usados a remate. Muchas páginas para los anacrónicos “boilers”. La verdad, los autoelogios fueron aplaudidos por excolaboradores. Pronto se le olvidó y no conozco alguna referencia de pie de página a ese papasal.
En su protagonismo Salinas visitó Oaxaca y obvio, respaldó al candidato priísta que perdió “la grande” local. Un eufórico istmeño fungió como su chofer. Salinas hoy lanza otro bodrio. Cerca de mil páginas. Pretende solventar sus broncas con quienes fueron elogiadores o críticos sorprendidos en su tiempo por los fuegos fatuos salinistas. El primero Enrique Krauze que se autoidentificó como “historiador de tijera y pegamento”. Salinas le atiza duro y parejo; primero salinista zalamero, más tarde crítico, al arrimarse a Zedillo. Finalmente ataca a Lorenzo Meyer. ocasiones nos sorprenda gratamente con sus Obras Póstumas.
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