Lo trascendente es que el sistema está colapsado, carece de salidas creíbles e inteligentes que nos conlleve a una sociedad más justa y democrática. Los medios de comunicación en nada contribuyen a mejorar el sistema político mexicano. Prevalecen los intereses corporativistas de todos ellos, porque así funciona el sistema presidencialista y partidista. El Poder Legislativo toma el rumbo donde los grupos de poder económico parecen demandar. El sistema parlamentario parecería que es lo ideal, pero todo se atomiza porque sus integrantes le apuestan a lo que sigue: ser gobernador de sus estados. Y los intereses de la República se pierden en la memoria mitómana de los diputados y senadores.
En Tabasco la clase política parece estar en el limbo del placer (con poca o nula imaginación en los elementos discursivos y mucho menos con visión ideológica). Los medios de comunicación no saben si los opositores al régimen son auténticos izquierdistas o sólo simuladores de expresiones recicladas de la cultura de moda. En otras palabras: hasta dónde el discurso refleja la realidad social de Tabasco. El problema no es lo que refleja el discurso sino hasta dónde el político es capaz de calar en la población que sólo escucha (masa sin capacidad de réplica).
En esto tenemos que ser claros y objetivos. Por eso cada seis años, sobre todo previo a las elecciones gubernamentales, aparecen muchas figuras “que creen merecer el máximo poder” de Tabasco. De cualquier modo, el “animal político” al que se refiere el célebre griego Aristóteles, todavía le queda mucho por transitar hacia estadios de mayor civilidad concebido como “el arte del diálogo en la diferencia”. Muchas veces los re-juegos del poder suelen la tumba o el éxito
