¿Por qué Villahermosa tiene miedo?
La inseguridad es un problema que preocupa a todos en Tabasco y el país. La acelerada descomposición social de los últimos años no pasa desapercibida para nadie y la recientemente encuesta del INEGI, revela que el 89.7% de la población de Villahermosa considera peligrosa la ciudad. Yo soy uno de ellos.
En días pasados conocí a una gentil doctora y al escuchar sus comentarios sobre este tema, como lo que hizo en alguna ocasión para garantizar su integridad, trajo a mi memoria el recuerdo de aquella Villahermosa de nuestra niñez, de la que nos platican con melancolía nuestros padres y abuelos que en nada se parece a nuestra realidad hoy, pero si a nuestras peores pesadillas.
Vivimos encerrados tras muros alambrados, puertas de metal, candados y cadenas, mirando sobre nuestros hombros, desconfiando de todo mundo, alterados, estresados, armados y listos para ajusticiar a cualquier delincuente como si se tratase de la supervivencia del más fuerte.
Conozco muchas historias de quienes han sido víctimas de la delincuencia y si hay algo que tienen en común, es el temor a ser víctimas otra vez y como un virus se trasmite a sus amigos y familias, donde también encontramos otras víctimas y nos preguntamos: ¿qué está pasando en Tabasco? ¿Regresará todo algún día a la normalidad? ¿De verdad se está haciendo algo para combatir a la inseguridad?
Las causas son muchas, pero es un problema complejo que está cambiando profundamente la sociedad, modificando nuestros patrones de conducta y nuestra rutina diaria para ser más cuidadosos y tomar algunas medidas para sentirnos seguros en la medida de lo posible.
Resumí aquí los casos de 4 amigos y algunas experiencias personales, que creo pueden ayudar a entender en parte el porqué de los resultados de la reciente encuesta del INEGI y cómo la inseguridad está afectando nuestras vidas de manera inédita.
Comenzaré con Miguel, un caso en particular que me causó estupor e incredulidad. A mediados del año pasado fue víctima de un singular secuestro exprés que terminó con un violento asalto en su casa. Cuando abordaba su vehículo, un Tsuru, después de practicar deportes esa noche, unos sujetos a bordo de una camioneta de reciente modelo con pistola en mano, le exigieron las llaves de su vehículo.
Él pensó que ahí terminaría todo, se equivocó, apenas comenzaba la hora más terrible de su vida. Fue subido a uno de los 2 vehículos en los que los delincuentes se transportaban. Lo pasearon el tiempo suficiente mientras un grupo se dirigió a su vivienda para investigar quiénes estaban en ese momento ahí.
Sus padres y su hermano fueron sometidos a punta de pistola. En un par de minutos se apoderaron de los bienes de la familia, incluidos 2 vehículos. No conformes con el botín, pusieron una pistola en la cabeza de Miguel frente a su padre y le advirtieron: ¿cuánto vale la vida de tú hijo? Una escena verdaderamente terrible que jamás imaginamos nos puede pasar a nosotros y a nuestros seres queridos.
Afortunadamente, alarmados por los vecinos los delincuentes se marcharon sin hacerles más daño, pero indudablemente marcaron para siempre la vida de esta familia. A la fecha no hay ningún consignado y solamente fue recuperado uno de los vehículos.
Mauricio, otro amigo muy cercano y mi vecino, hace 3 años su negocio fue asaltado. Tenía 10 minutos que se había marchado junto con sus hijas y esposa, cuando a bordo de 2 vehículos arribó un grupo de jóvenes armados con machetes, cuchillos y pistola; sometieron a los clientes y empleados para arrasar con el lugar, llevándose computadoras, pantallas, dinero, celulares y Xbox. Todo en cuestión de minutos.
Desde aquel entonces instaló cámaras de videos y otras medidas para garantizar su seguridad. Esta semana cerró su negocio después de 15 años. En últimas fechas ha habido asaltos a comercios de la zona; decidió que ya no valía la pena arriesgarse cuando las ventas se desplomaron de manera drástica desde principios de este 2016. Del atraco, tampoco hubo consignados.
Pablo, mi cuñado, hace un par de meses recibió 2 balazos en sus piernas durante un asalto en su trabajo. Los delincuentes se llevaron 8 mil pesos del pago de nómina y los celulares de los empleados. Hoy está en proceso de recuperación, luchando contra las posibles secuelas, pues los doctores le dicen que probablemente ya no podrá volver a jugar fútbol, deporte que practicaba con regularidad. A la fecha nadie ha sido consignado.
Alberto, otro amigo, a él lo esperaban a fuera de su casa. Ocurrió hace un año y medio, nunca imaginó que iba ser sorprendido por la espalda cuando abría las puertas de su departamento.
Le pusieron un arma de fuego en la cabeza, fue golpeado y amenazado de muerte una y otra vez dentro de su propia vivienda. Los delincuentes sabían que él recogía dinero diario de las ventas de su negocio. Como botín se llevaron su camioneta, equipos de cómputo, celular y el dinero para pagar a los proveedores. Nunca cayeron los responsables.
En mi caso, hasta lo de Miguel sentía cierta seguridad manejando un Tsuru, me convencía que a los delincuentes no les interesa arrebatarlo a la fuerza, que si se lo iban a robar era cuando estuviera estacionado, pues ya me han abierto el carro 4 veces en los últimos 4 años y en una de esas se llevaron la cámara fotográfica que mi padre ya fallecido me regaló, se la robaron junto con las fotografías que yo guardaba de él y que eran irremplazables. Me lamente tanto y a la fecha lo sigo haciendo, pero nunca presente la denuncia.
La última vez que intentaron asaltarme o extorsionarme de manera más directa, fue cuando era estudiante de preparatoria, hace ya un tiempo. Era de noche y regresaba a casa después de hacer un trabajo escolar en casa de un compañero.
Sin dinero para el taxi no me quedó otra más que caminar con una libreta bajo el brazo cuando de repente una patrulla se estacionó y me saludó un policía amigablemente, pensé inocentemente: a lo mejor les puedo pedir un aventón si van por mi colonia.
Un policía me pidió dinero para el refresco y al explicarle mi situación económica no me creyó y me revisó por encima de los bolsillos y al corroborar que no llevaba ni cartera, me dijo: te voy a llevar y entregar a la PGE. Le respondí; lléveme si quiere, no sé por qué motivo. Me subió a la patrulla y enfiló hacia la PGE y estando a unos metros pararon y me ordenaron ¡bájate! Y sin decir nada me bajé y se marcharon. Recuerdo ese día haber llegado a mi casa hasta las 12 de la noche caminando.
Esto ocurrió hace años, no juzgué de manera general a todos los policías por las acciones de unos malos elementos, pero si afectó mi confianza hacia la institución. Hoy sé que hay gente profesional en las filas de la SSP, sé que es difícil salir a la calle a arriesgar la vida, ya muchos la han perdido en el cumplimiento de su deber.
La solución a la inseguridad depende de todos: sociedad, gobierno y policías; pero no se dará de la noche a la mañana y seguramente aún nos esperan tiempos muy malos y creo que lo que hagamos por nuestra seguridad y las de nuestras familias dentro del marco de la legalidad nunca va a ser exagerado. Se hace necesario ser prudentes y actuar de manera inteligente para evitar en la medida de lo posible, no ser víctimas de la delincuencia que tiene atemorizada a Villahermosa. Correo: [email protected]