POSTAL DE CRONOS
CÓMO TRANSFORMAR LA DEGRADACIÓN SOCIAL
México está en un proceso de degradación y no era necesario que el papa Francisco viniera a decirlo. En un país tan devoto como el nuestro deberíamos conocer el pasaje bíblico donde Jonás es el encargado de advertir a los ciudadanos de Nínive que su estado de corrupción los llevaría a la destrucción si no se arrepentían. Sin embargo tuvo que suceder así, y las élites que nos gobiernan e influyen con sus decisiones oyeron el mensaje en las palabras de un representante latinoamericano venido desde el viejo mundo. Y los más de cincuenta millones de pobres también compartieron sus reflexiones y siguieron puntuales la peregrinación del líder de la grey católica.
¿Qué sigue ahora? ¿La explotación de los obreros y la clase trabajadora continuará sin inmutarse? ¿Nuestros líderes religiosos sólo celebrarán la resignación de la pobreza?¿El gobierno incentivará con más fuerza los programas sociales que sólo buscan asegurar una clientela electoral o creará mejores condiciones para que el pueblo mexicano pueda superar la dependencia del paternalismo gubernamental ¿Cambiaremos nuestras actitudes en beneficio de todas las clases que conforman nuestra sociedad?¿Tendremos un real mejoramiento en nuestro sistema educativo y nuestro sistema de salud?
¿Adónde irán a parar los más de veinte mil despedidos de Pemex?¿Es justo que la deuda petrolera la paguemos nosotros cuando los líderes de la empresa productiva del Estado prácticamente la han desmantelado a causa de sus actos de corrupción? ¿No dijo el sumo pontífice del Vaticano que es la corrupción uno de los grandes males que oprime al pueblo mexicano? Algo se debe hacer contra este proceso de descomposición social que está llegando hasta el rincón más apartado del país.
Es verdad que no tenemos que repetir las fórmulas socialistas de antaño, ya vimos que el comunismo fue un fracaso y que tiene mucha semejanza con el capitalismo que se ha vuelto una lucha encarnizada a través del consumismo y la explotación de la clase trabajadora y la abolición de sus derechos laborales.
¿Hacia dónde nos dirigimos como sociedad? Tendremos que reformar nuestras instituciones para equilibrar las fuerzas económicas y productivas, la distribución de la riqueza material y cultural, preservar nuestro entorno natural y su explotación, el uso correcto de los recursos renovables y no renovables, etcétera.
La tarea es compleja, sin embargo podríamos acometerla con la suma de voluntades, con el compromiso real entre la sociedad civil, los diferentes órdenes gubernamentales y la clase empresarial.
Habría que preguntarnos qué queremos de nuestro país y adónde queremos llegar; qué hemos hecho mal y cómo podemos enmendar nuestros errores; de qué forma hemos contribuido a la degradación que padecemos. No nos vemos a nosotros mismos, nos observan desde afuera y sólo ellos tienen clara la situación que envuelve nuestro país; ¿O será que sí vemos nuestra propia miseria pero estamos conforme con ella?
¿Tendremos que preguntar al extranjero cómo nos ve, cuál es la visión que tiene de nosotros? Quizá debiéramos volver la mirada hacia la historia de nuestros orígenes, dialogar con ella y comunicarla a las nuevas generaciones.
Es la degradación de nuestro espíritu la que nos conduce a la degradación material, es la falta de conciencia la que nos empuja a paso acelerado hacia la autodestrucción, es la ausencia de compromiso con nosotros mismos y con los que nos rodean lo que nos está dañando. Tal vez tenemos el remedio pero debemos encontrarlo con urgencia; esa es nuestra tarea para salvar lo que aún no está corrompido, impedir que la contaminación avance.