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La Verdad del Sureste

POSTAL DE CRONOS

Busca Félix Eladio Sarracino hacer caldo gordo con la derrota del PRI


 


Félix Eladio Sarracino busca el protagonismo. Al saber que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Tabasco no tiene pies ni cabeza quiere  beneficiarse con el pretexto de impugnar las elecciones extraordinarias, abanderar una causa que -supone- lo catapultaría a la dirigencia de ese instituto político.
    Arguye el tipo de abusos electorales que el mismo PRI ha utilizado como método de persuasión a favor o en contra un candidato a un cargo público pero sin pruebas contundentes, basándose en supuestos. Lo que en realidad le importa no es el resolutivo que se emita a favor o en contra de un juicio de inconformidad, sino los beneficios que esta querella le acarreen a sus intereses políticos. Si el Tribunal Electoral de Tabasco no le da la razón acudirá a la Sala Regional del TEPJF a pesar de saber que lo suyo es una causa perdida.
    ¿Es el PRI un ejemplo de democracia electoral? Habría que preguntar a Félix Eladio Sarracino si no recuerda la caída del sistema en las elecciones de 1988 a favor de Carlos Salinas de Gortari, y las elecciones de Tabasco en 1994 cuando el PRI rebasó los topes de campaña con los 72 millones de dólares que Roberto Madrazo despilfarró para quedarse con la gubernatura y que a pesar de las pruebas presentadas en los órganos electorales no sucedió absolutamente nada. Y la anulación del supuesto triunfo de Manuel Andrade Díaz en el 2000, ¿fue porque el PRI actuó de buena fe en ese proceso electoral y el que le siguió donde el actual diputado local se alzó con la gubernatura?
    ¿Es el PRI un instituto político que ha jugado limpio en las justas electorales? ¿Qué pueden reclamar los priistas a partir de la guerra sucia urdida por su avasalladora maquinaria en 2012 a favor de Enrique Peña Nieto? ¿Y la compra del voto a través de las tarjetas Monex? ¿Y los jakcers contratados por el PRI para manipular la intención del voto de los mexicanos? Sorprende la caradurez –para usar una expresión de un prominente priista tabasqueño- de Félix Eladio Sarracino para atreverse a reclamar justicia electoral y promover la impugnación de las elecciones extraordinarias en que su instituto político fue avasallado por segunda vez a raíz de las deserciones y divisionismo interno, lo cual por supuesto ha ocasionado la crisis de credibilidad que la ciudadanía ha expresado en las urnas electorales desde el derrumbe de Chucho Alí en 2012.
    Acusar una elección de Estado cuando por segunda vez se pierde una contienda electoral, cuando hay un árbitro como el Instituto Nacional Electoral (INE) así como la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) que vigilaron a conciencia el proceso –además de que era una sola elección- es  falta de respeto hacia la misma ciudadanía. Sobre todo cuando los reclamos vienen de quienes hicieron del fraude un método de vida.
    Más incongruente es aún, si se descubre con anticipación una supuesta elección viciada. Pero lo viciado estuvo en la forma en que echaron afuera a quien fuera su candidato en el 2015 Evaristo Hernández para acudir a una alianza con el partido de Madrazo. Aceptaron una imposición interna; fue su condena. Tan institucionales y respetuosos que se proclaman en el PRI y ahora le ponen el último clavo a su propio ataúd tratando de defender una honorabilidad que nunca han poseído. El futuro tricolor ya no es verde, ahora es negro.   

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