POSTAL DE CRONOS
La contaminación de la Laguna de las Ilusiones aún no cala en nuestra conciencia
Al leer un comunicado que envía el Gobierno del estado, donde varias dependencias estatales como federales, así como municipal exhortan a las personas que no pesquen en la Laguna de las Ilusiones, ni mucho menos se haga para el consumo humano, coincido que es urgente implementar dichas acciones.
Según las investigaciones efectuadas por el profesor Lenín Arias Rodríguez –catedrático e investigador de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT)- donde dice que las especies que ahí viven presentan fragmentaciones de su ADN, debido a los pesticidas, herbicidas, antibióticos y hormonas que producen cáncer, nos cuestionamos hasta qué punto hemos y continuamos siendo inconscientes al no cuidar la riqueza natural que tenemos en Tabasco.
Es grave lo que sucede en la Laguna de las Ilusiones, una de las imágenes representativas de Villahermosa así como lo es la reserva ecológica de los Pantanos de Centla para nuestro Estado y el país. Aunque se dice que todavía hay remedio para que podamos rescatar de la contaminación toda esta riqueza a la que cantaron tabasqueños ilustres como don Manuel Pérez Merino y a la que ensalzaba el poeta Carlos Pellicer Cámara en sus poemas paisajistas, dentro de pocos años sólo podremos contemplar en acuarelas y fotografías lo que tuvimos pero que no supimos conservar.
Es lamentable nuestro desdén y la falta de respeto hacia el agua, flora y fauna, Tabasco no es más lo que fue hace treinta o cuarenta años, hemos depredado todo cuanto hallamos a nuestro paso. Ni las autoridades ni los ciudadanos hemos reconocido ni actuado en consecuencia para defender nuestro entorno natural, la palabra ecología sólo la leemos y la escuchamos pero no está impregnada en nuestra conciencia como seres humanos, quizá porque ya hemos comenzado a deshumanizarnos a causa de las mezquindades y el divisionismo desvirtuando el verdadero quehacer de la “política”.
Cuando vemos imágenes de lagos, lagunas, arroyuelos y en general la naturaleza de otros países como Canadá, Suiza, Francia, etcétera, no pensamos en el crimen que hemos cometido contra nuestra tierra y vemos cuán inútil es el orgullo de esa “tabasqueñidad” que vociferamos a los cuatro vientos. Inútil porque dondequiera que veamos, en calles, avenidas, riberas podemos observar que la basura es lo que prevalece, los desperdicios que tiramos en los mantos acuáticos flotan en la superficie y el fondo del agua, en la gran mancha urbana que es nuestra ciudad vemos cómo las cañerías de aguas negras domésticas desembocan sin disimulo a la orilla del río. La misma historia se repite en las zonas sub-urbanas y rurales.
¿A quién se le habrá ocurrido la idea de que las aguas negras podrían desaparecer esparciéndolas impunemente en la corriente de nuestros ríos, lagos y lagunas? Y la realidad no nos detiene porque todo se queda en el discurso político y en las buenas intenciones ciudadanas, en la mediatez de lo que transmitan los medios de comunicación, hasta ahí llega nuestra conciencia de lo que acontece. Nuestra realidad es terrible, vivimos criticando las crisis económicas que padecemos como si quienes tenemos 40 o más años de vida hallamos vivido un pasado de riquezas materiales, la mayoría de los habitantes tabasqueños pertenecemos a las clases medias y bajas, solo unos cuantos son los verdaderamente ricos y poderosos.
Sin embargo, la gran crisis de valores se ha acentuado y no la aceptamos aunque esté inserta en nuestro propio comportamiento como individuos que conviven en sociedad, porque tampoco atendemos a esta palabra. No valen campañas ecológicas esporádicas sino permanentes, que comiencen desde nuestros hogares y den continuidad en las escuelas de todos los niveles. La grave contaminación no sólo está en la Laguna de las Ilusiones sino en sus alrededores, en los ríos Grijalva y Usumacinta, en los pantanos, en los vasos reguladores que desaparecemos por ambiciones económicas sin importar las consecuencias negativas que tendrán en el medio ambiente.
Somos el pueblo del desperdicio, nos estamos destruyendo nosotros mismos y nos atrevemos a culpar al famoso “cambio climático”. No estamos educando a las nuevas generaciones. No hacemos caso de las advertencias de los hombres de ciencia porque ignoramos la magnitud del problema en que nos hemos metido.
Tenemos fracking, algo moderno que ha descubierto el hombre para explotar los hidrocarburos y gases que utilizamos a diario como combustible, tenemos a la vista dos nuevos planetas a cuarenta y tantos años luz de distancia que podríamos habilitar cuando hayamos destruido por completo el planeta tierra, tenemos la voracidad del consumo que eleva nuestro estatus social, tenemos las poses que adquirimos para tratar de ser distintos de los demás seres que poblamos la tierra. Somos frívolos y soberbios con lo más elemental que es nuestra madre naturaleza, con lo que nos cría, alimenta y ampara. No sabemos ver a pesar del conocimiento y el supuesto avance de las tecnologías, cada vez somos más barbaros que los hombres de las cavernas.