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La Verdad del Sureste

¿Quién fue?


Amigo lector, si usted me pregunta ¿quién fue?, yo le respondería con otras preguntas: ¿quién fue qué?, ¿la autoridad que autorizó el desarrollo en el manglar Tajamar?, ¿el responsable de la desaparición forzada de cinco jóvenes en Veracruz?, ¿el asesor a quien se le ocurrió que Angélica Rivera promoviera un disco para celebrar la visita del Papa Francisco?, ¿o el desinformado que le dio “la bienvenida” a la Ciudad de México (como si ésta no existiera previamente)? Vamos por partes.
    En los últimos días cobraron fuerza las acciones de la sociedad civil en contra de la destrucción de un manglar en Cancún, Quintana Roo, frente a la laguna Nichupté, cuyo proyecto original consta de 58 hectáreas y que fue urbanizado entre 2005 y 2008 con recursos federales a cargo de FONATUR. Posteriormente, fue lotificado y vendido a diversos desarrolladores (ninguno con interés ecológico, aunque no lo crean).
    A los ojos de los presentes, las máquinas arrasaron la vida vegetal y animal que ahí tenía su hábitat. Sin embargo, la PROFEPA (Procuraduría Ambiental) salió a defender el proyecto y rechazar que las obras constituyan una “devastación ambiental”. Sus razones: el desmonte se llevó a cabo por FONATUR con autorizaciones del 2005 y ampliaciones de 2007, 2009 y 2011; los impactos ambientales no se dieron dentro del área natural protegida del sistema Nichupté; el lugar no está considerado dentro de los 2,187 sitios RAMSAR (designación de un tratado internacional sobre humedales).
    Felipe Calderón trató de deslindarse de las autorizaciones pero las fechas de las ampliaciones lo alcanzan; y aunque el actual Secretario de la SEMARNAT dijo que él no hubiera autorizado el proyecto, lo contradicen su propia omisión y la PROFEPA (órgano desconcentrado de la Secretaría a su cargo). La única instancia que parece salvarse es el gobierno de Quintana Roo, mismo que en 2005 recomendó negar la autorización al proyecto. ¿Debió continuarse?
    Del otro lado del Golfo, en Veracruz para mayor exactitud, cinco jóvenes regresaban a su casa cuando en algún momento del camino policías estatales los interceptaron “para una revisión de rutina”. Las autoridades locales (¿hay autoridad en Veracruz?) afirman que los policías entregaron a los jóvenes a supuestos integrantes del “Cártel Jalisco Nueva Generación”. Vaya usted a saber si es cierto, pero de lo que no cabe duda es que en este “Ayotzinapa del Golfo” no se sabe nada de los desaparecidos a pesar de que hay varios detenidos que están sujetos a proceso penal.
    Para el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, este es el caso “que sale mal” contra otros 99 que salen bien en su estado, en donde -según él mismo- sólo se roban “frutsis y gansitos”. Supongo que no importa que el responsable de la Fiscalía General del Estado de Veracruz haya reconocido que de los siete policías detenidos por estar involucrados en la desaparición, la mitad no habían pasado los exámenes de control de confianza. ¿Y entonces qué hacían ahí? ¿De quién es la responsabilidad? ¿Del Secretario de Seguridad Pública?
    En tanto las evidencias de corrupción campean por doquier, la banalidad no deja de hacerse presente en la vida pública de este país. Si Angélica Rivera no fuera la esposa de Enrique Peña, poca importancia tendría que hubiera convocado a un grupo de artistas para presentar un disco en homenaje a la visita del Papa Francisco.
    Ella, cónyuge de quien representa al Jefe del Ejecutivo Federal de un Estado laico, no tendría porqué haberlo hecho. Tal vez es mucho pedir que conozca nuestra historia y que entienda en qué consiste el principio constitucional de separación entre la Iglesia y el Estado, pero alguien debió decírselo.      
    Y parece que también es mucho pedir que los sesudos orquestadores de la llamada “reforma política” de la Ciudad de México, hubieran puesto atención a dos detalles: primero, según el vigente artículo 44 constitucional (redacción que data de 1993), “La Ciudad de México es el Distrito Federal, sede de los Poderes de la Unión y Capital de los Estados Unidos Mexicanos”. ¿No existía ya la Ciudad de México? Segundo, México es un estado federal y, como ocurre en la mayoría de los estados federales, el lugar en donde se asienten los poderes y/o se establezca la capital, será un distrito federal. ¿A quién pretenden engañar?

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