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La Verdad del Sureste

¿QUIERES SER ROBERTO MADRAZO?


Instrucciones para el lector: El siguiente texto constituye una invitación para entrar a la cabeza de Roberto Madrazo, nuevo dirigente nacional del PRI. El artículo imita la técnica de la película ¿Quieres ser John Malkovich? Y crea un portal que permite entrar brevemente al cerebro del personaje, cuando es declarado el ganador de la elección:
    Ya lo dijo mi vocero, Carlos Jiménez Macías: A partir de ahora va a ver quién manda en el PRI. El timón del partido ya regresó a las manos de su verdadero dueño: las mías. Y de aquí a Los Pinos. A mí ya no me para nadie. Esta elección lo demostró. Voy a ser el presidente de la República porque soy el único que sabe nadar en el lodo y lo haré de nuevo en el 2006. Nadie domina las triquiñuelas y las trampas como yo; nadie sabe jugar tan rudo como yo. Los panistas mojigatos no se quieren enlodar y los perredistas patéticos no saben siquiera cómo hacerlo. Pero yo ya pasé el desgaste de la descalificación y gané. De mí ya no hay nada nuevo qué decir: me he vuelto el Teflón de Tabasco.
    Todo salió y como lo planeé y como siempre lo soñé. Por cierto, que tengo que darle las gracias a Elba Esther por lo que compró: los tambores y las matracas, las banderitas y los globos, las mantas y los votos. Ahora mismo me paso al otro lado del templete para darle un beso. No vaya a ser que se sienta chiquita y usada. Aunque no lo creo. Es foto suya en Proceso la muestra con una cara de puritita felicidad, porque ahora por fin está en las ligas mayores. Ni cuenta se ha dado que la convertí en escudo al ponerla a pelear con Beatriz Paredes. No hay nada que atraiga tanto la atención de los medios como un pleito entre mujeres que se odian. Se dieron hasta con la cubeta, y yo tan tranquilo.
    La venganza fue dulce: Francisco Labastida me metió el pie en la primaria hace dos años, y ahora yo logré tumbar a su protegida, Zedillo ya debería darse por vencido: se pone con Sansón a las patadas y acaba perdiendo. Ya es la tercera vez que me lo trueno. Con un poco de ayuda de Carlos Salinas, tengo que admitirlo. A ver qué estrategia invento para sacar a su hermano de la cárcel cuando llegue a Los Pinos. Es poco pedir en comparación con lo que me está dando. La incorporación de Pedro Aspe a mi equipo fue una movida magistral. Como lo demostró Carlos Menem en Argentina, la alianza de corruptos y tecnócratas gana presidencias.
    Beatriz, pobrecita, debió haber sabido que como mujer esa sacrificable. En algún momento pensé que podía convertirse en una amenaza si le entraba como Juana de Ardo a la contienda, con la ética en la mano, dispuesta a morir en la hoguera. Pero quería ganar y se lanzó con todo. En vez de apostarle a la manguera para limpiar el lodazal, le apostó a los gusanos que traía escondidos debajo de la falda. Y ahí se equivocó. Escorpión mata gusano; crimen organizado mata cochinadas. Nadie sabe movilizar mejor que yo (y Elba, por supuesto, por eso la seduje). Nadie sabe cómo rellenar y acarrear mejor que yo. Y, además, yo ya sabía que los gobernadores son unos culeros, y a la hora de la hora se van con el que paga. Bastó con invitarlos al hotel Presidente para que me rindieran pleitesía.
    A pesar del escándalo que se armó después de la elección, a mí en realidad no me preocupaba mucho Beatriz. Ella, tan linda, es muy disciplinada. Yo sabía que si la amenazábamos con el espectro de la destrucción del PRI, debido a una elección aguerrida, ella más temprano que tarde iba a ceder. Siempre lo ha hecho. Es víctima del síndrome Camacho. Con lágrimas en los ojos, pero se atiene a las demandas del sistema. No sabe cómo imponerse ni tiene las agallas para hacerlo. Cuando le dijimos que lo importante es la fortaleza del partido, dobló las manos. Prefirió el suicidio individual que el suicidio del partido. El PRI algún día debería construirle un monumento, con huipil y todo. Por lo pronto, que se regrese a la Cámara de Diputados. Ya demostró que no puede hacer mucho allí.
    Al que le voy a mandar unas botellas de tequila es a mi amigo Roque. Será pendejo, pero es mi pendejo. Le debo una por hablar del buen desarrollo del proceso interno, por avalar el traslado físico de votantes, por permitir la anulación de sólo 33 de las mil 699 casillas impugnadas, por permitir el zapateado que bailaron mis huestes en Tabasco y Oaxaca, por aceptar que los priistas son capaces de votar a cuatro veces la velocidad con la que todo los mexicanos lo hicieron en la pasada elección presidencial. A ver qué puesto le doy porque se lo merece. También tendré que darles algún hueso a los neomadracistas que se unieron a la causa, como Fernando Ortiz Arana, Miguel Ángel Yunes, Marco Bucio, Roberto Albores y Maximiliano Silerio Esparza. Ahora van a prevalecer los intereses de mi grupo y de mi tribu. Mi PRI va a funcionar como lo hiciera en sus mejores tiempos: como una agencia para pagar favores. Para recibirlos, tirios y troyanos se plegarán ante el nuevo mandamás.
    Pero mientras tanto, tendré que seguir dándole atole con el dedo a esos priístas de la base que se creyeron lo de democratizar al partido. Que suerte que allí está la figura de mi padre para aprovecharme de ella. La mitología en torno a su muerte me permite hablar de la conclusión de 35 años de lucha por lograr la democratización del PRI. También tendré que mantener apretada la rienda de Elba Esther, porque ya hay quienes le apuestan a que me querrá acotar. Pero en realidad no estoy muy preocupado por ella: con tal de llegar a la presidencia del partido en el 2006 como quedamos, es capaz de callarse la boca, haga yo lo que haga. Con tal de que no vuelva a decir Trocqueville en vez de Tocqueville. Y se dice maestra.
    Hasta los corresponsales extranjeros se la creen. Después de comer con ello, el periodista del Financial Times se refirió a mí como el political maverick, el político inconforme con la imposición cupular, la centralización y la presidencia imperial de Ernesto Zedillo. Me ven como el rebelde con causa, como un iconoclasta comprometido con la democracia. Me ven como un cambio fresco. Cuando vea a Salinas la próxima vez tendré que darle las gracias por los consejos. Él usó la misma estrategia, erigiéndose como modernizador peleando contra la nomenklatura, y de no haber sido por el subcomandante Marcos, las cosas le habrían salido como quería.
    También como él, sé que es necesario hablar sobre la necesidad de modernizar nuestro arsenal ideológico. No sé todavía cómo voy a bautizar nuestra nueva ideología, pero algo se le ocurrirá a Alazraki. Para eso le pago. Por lo pronto, seguiré manejando vaguedades, como encontrar el centro y el nuevo cuerdo de inclusión y la tradición social demócrata mexicana. Lo que he descubierto, es que en este país de memoria corta y tolerancia para todo, yo puedo venderme como la opción progresista.
    Además, sé que, en el fondo, a los priístas no les importan las ideas. Lo que quieren es recuperar el poder. Y para ello hay que ganar elecciones. Y para ganar elecciones se necesita liderazgo, un hombre fuerte como yo, que sustituya a la figura presidencial. Acostumbrados a la cultura de la sumisión, a los priístas les gusta seguir instrucciones, obedecer órdenes y arrodillarse frente a un hombre con pantalones. Con Elba y Madrazo se reinventa el dedazo. Ahora el dueño del dedo divino soy yo. Y todos van a traer sus proyectos y sus candidaturas y sus peticiones para que los atienda. El poder cohesiona. Además, como bien dijo Manuel El Meme González, afuera del partido hace mucho frío. Ya lo descubrirán aquellos que no se presentaron para recibirme en la explanada del edificio de Insurgentes Norte.
    Ahora empieza mi campaña presidencial. Voy a armar Amigos de Roberto, voy a construir acuerdos políticos con Fox para después romperlos y colocarlo de espaldas contra la pared, voy a usar a los medios para construir una imagen invencible. A mí ya nadie me toda. Estoy vacunado. Todo lo malo que se podía decir de mí ya se dijo y a pesar de ello gané. Demostré que puedo corromper a cualquiera y ser elegido. Demostré que puedo poner a otros a dar patadas por mí y salir ileso. Demostré que soy el único que sabe nadar en el lodo. Ahora tengo cinco años para lavarme y reinventarme. Próxima parada: Los Pinos.

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