EL RECLAMO DE LOS JÓVENES Porfirio Muñoz Ledo


Sorprendió el despliegue múltiple de voces en la inauguración del Movimiento de regeneración nacional de jóvenes y estudiantes (MORENA-JE). No fueron arrebatados arpegios estudiantiles ni un desfile de jilgueros y doctos precoces, sino una sucesión de representantes de la diversidad de la juventud que es hoy  genuino patrimonio cultural de nación.
    Transitaron expresiones de la marginación social y el mundo indígena, artistas, científicos, incapacitados, deportistas, homosexuales, madres solteras, zapatistas y víctimas del crimen. En intervenciones puntuales entonaron  una serena sinfonía por la paz. No insinuaron quererse incorporar a una empresa de adultos sino de invitarnos a dialogar en su propio terreno: la verdad descarnada.
    Tampoco llegaban en demanda de cuotas; antes bien en la exigencia de una participación comprometida. El espíritu de la reunión fue la EQUIDAD ENTRE GENERACIONES, complemento indispensable de la batalla por la equidad entre los géneros. Menos reflejaron la ansiedad por montarse a un aparato político; antes bien de generar una dinámica propia. Como lo dijo  Luisa María Alcalde; “somos un conjunto de organizaciones espontáneas que han decidido caminar juntas para construir una sociedad solidaria. Queremos ser el corazón de la batalla”.
    Quedó claro que la diversidad de las identidades juveniles, de sus orígenes y sus expresiones culturales es un desafío para la sociedad y el Estado, que están obligados a  garantizar sus libertades, proteger sus derechos y promover sus aspiraciones. La fortaleza de la pluralidad y la coexistencia de visiones en un mismo tejido social constituyen un activo invaluable en la defensa contra la globalización avasallante, desigual y homogeneizadora.
    Fue recordado que la mayoría de las víctimas de la violencia  y no pocos de sus actores son jóvenes de clases modestas que encuentran en el tráfico de drogas y la delincuencia alternativas inmediatas para obtener satisfacciones desgraciadamente efímeras. El futuro se convierte entonces en una trampa de  creciente vulnerabilidad. De ahí que su reclamo central sea: alto a la violencia y oportunidades para todos.
    Entienden que la política  económica, laboral y educativa del país debiera enfrentar decididamente la precarización del trabajo y la ínfima movilidad social, a fin de privilegiar el desarrollo individual, diverso y comunitario sobre los intereses de la acumulación y la ganancia. En ese sentido, la regeneración de México no es otra cosa que la reconversión ética de la juventud.
    Encarnan la indignación moral que recorre  el mundo, pero no aspiran a la marginalidad ni sólo a la protesta.”Estamos indignados y tenemos proyecto “. La redes sociales son su medio natural de expresión pero exigen la transformación del sistema de comunicación tanto como la creación de un “clima de convivencia justo sereno y solidario: la instauración de una república amorosa”.
    Dividieron sus propuestas en cinco ejes fundamentales: la inclusión de “las juventudes”, una vida digna, paz justa, trabajo decente y educación gratuita y de calidad, arte y cultura. Abogaron por que “la deliberación de los asuntos públicos sea una responsabilidad compartida entre generaciones” y por la auténtica “democratización de la toma de decisiones”.
    Abordaron resueltamente una gama articulada de cuestiones que los afectan: igualdad plena de condiciones para las mujeres y el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, los derechos sexuales y afectivos como derechos humanos incuestionables, la no estigmatización de los consumidores de drogas, democratizar el acceso a la tecnología y abatir la brecha digital que amplía otras desigualdades, un nuevo tipo de convivencia con el medio ambiente y los recursos energéticos y la cancelación de la llamada guerra contra el narcotráfico, a fin de que los jóvenes “porten lápices(o computadoras) en vez de fusiles”.
    Ya que “sin memoria no hay paz ni justicia” demandan reconocer los abusos de autoridad y reparar las violaciones a los derechos humanos. Debiéramos responderles que sin acción esclarecida no hay futuro deseable y apostar resueltamente a la nueva generación. Cumplimentar la promesa que formulamos hace más de medio siglo: “nosotros sí sabremos creer en la juventud”

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