Trump y el imperialismo
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico. Dirigente del Movimiento Antorchista en Texcoco, Edo. Mex.
No me alegra de forma que me ponga a brincar de gusto que haya ganado la elección Donald Trump, como no me alegraría tampoco si hubiera ganado Hilary Clinton.
Ambos casos pueden definirse, como lo hiciera el gran guía de los débiles del mundo y que dejó para la historia de su liberación la herramienta capaz para ello, Vladimir Ilich Lenin: que cuando se analiza a dos poderosos y se quiere encontrar sus diferencias, es como si quisiéramos distinguir entre un diablo rojo y un diablo azul.
Acá es lo mismo: no hay grandes diferencias entre dos diablos, salvo el color. Sin embargo, no quiero dejar pasar algunas cuestiones que me llaman la atención y que pueden ser de utilidad.
Primero, no hay que confundirnos al señalar que Trump es el malo y Hilary la buena. No, nada de eso. Ambos son, como vimos, diablos de distinto color. Me llama poderosamente la atención el hecho de que en México se haya desatado una campaña feroz en contra de Trump.
Cierto es que los comentarios discriminatorios lanzados por Trump justificaban el descontento popular; sin embargo, muchos de sus dichos buscaban, en mi opinión, como resulta en toda campaña política, la conquista del electorado, al que “hay que decirle lo que quiere oir” y lo logró.
La población blanca y “patriótica”, gustaba de oír esos discursos de Trump, los oyó y votó a favor de Trump. Eso no quiere decir que vaya a poner en práctica todo lo que dijo y una prueba de que no es del todo así fue su visita a México a invitación expresa de nuestro gobierno bajo la visión estratégica de Luis Videgaray Caso, al que por cierto le costó el puesto por esa atrevida hazaña.
Si la intención de Trump fuera cumplir sus amenazas, muy seguramente no habría venido a México; Hilary, en cambio, despreció la invitación de México.
Segundo, los medios de comunicación desataron una férrea campaña en contra de Donald Trump en México acusándolo de “loco”, “depravado”, “grosero”, “misógino”, “discriminador”, etc., con una saña que llama la atención, en contraste, se presentaba a Hilary Clinton como todo un dechado de virtudes.
Habría que preguntarnos el motivo de este contraste; y la respuesta la da la salida de Videgaray, dictada seguramente desde el país del norte y derivada de la recriminación indirecta del acercamiento de México con China, de la queja de los empresarios por la reforma fiscal promovida por Videgaray, que exigía que pagaran más impuestos quienes tenían mayores ingresos, restringiendo algunos de los privilegios que han hecho, por ejemplo, que Walmart de México pague dos pesos de ISR por cada 100 pesos que gana y, la gota que derramó el vaso, la invitación a México de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.
Aunque no se pueda confirmar tan fácilmente, es evidente que hubo instrucciones desde Estados Unidos para realizar una campaña contra Trump y a favor de Hilary, indicación que siguieron al pie de la letra varias autoridades mexicanas, asustándonos con mentiras como que se caería el peso mexicano, que la economía mexicana entraría en crisis y se registraría un notorio desequilibrio en el país si los 20 millones de la población mexicana que trabaja en EEUU fueran deportados (algo que muy difícilmente ocurrirá).
Es muy factible que en las cuentas de los asesores de Hilary se tuviera presente la idea de que si obligaban a México a hacer esa campaña, los mexicanos en Estados Unidos con derecho votarían en contra de Trump.
Quedó una vez más de manifiesto cuánto seguimos dependiendo de las indicaciones del país del norte y cómo es urgente que el pueblo mexicano se coloque en condiciones de poner un alto a estas arbitrariedades.
Tercero, aquí estamos ante dos posiciones de un mismo problema: el imperialismo.
Hilary Clinton y sus demócratas quisieron hacerse pasar por los “buenos”, pero son los mismos que ya habilitaron varios kilómetros del muro fronterizo; además, se sabe que en la administración de Obama se han incrementado las medidas para impedir que pasen los mexicanos al otro lado de la frontera; hay que recordar cuál fue el papel de Hilary Clinton como Secretaria de Estado en la situación del Medio Oriente y la formación del Estado Islamico; no olvidemos las desestabilizaciones impulsadas desde Estados Unidos bajo el mando de los demócratas en el Magreb; las desestabilizaciones a los países latinoamericanos cercanos al bloque de los BRICS, como el caso de Brasil, o los constantes ataques a los países que deciden seguir una política nacionalista y no lacayuna como Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc., que son atacados con todas las armas de imperialismo; finalmente, no hay que olvidar lo que analistas serios han señalado:
México es el campo experimental de la teoría del caos impulsada desde las altas esferas de Estados Unidos. Como se ve, tras el rostro sonriente de Hilary se esconde el imperialismo rapaz y desenfrenado basado en la guerra, en la intervención y en la disposición de generar una tercera guerra mundial.
Por eso cuando Hilary, en uno de los debates, echaba en cara a Donald Trump su cercanía con Putin (para atacarlo), él contestó que “Putin ha sido más inteligente que tú (Hilary) en el conflicto de Siria”.
Por su parte, Trump representa una corriente de nuevos magnates poderosos de Estados Unidos, cuya fuerza descansa en una bomba más poderosa que la atómica: las telecomunicaciones.
Sin descartar que la presión de los sectores armamentistas de Estados Unidos, Trump se vea obligado a seguir las misma políticas intervencionista, lo cierto es que las telecomunicaciones, como la internet, las redes sociales, etc., son un arma poderosísima, aunque silenciosa, para cumplir un mismo objetivo del imperialismo: el control del mundo.
Queda claro que ninguna de las dos posturas contendientes ha renunciado a la vía imperialista de dominación del mundo, es por ello que la única alternativa verdaderamente poderosa para frenar el paso del imperialismo, como lo dijo en uno de sus discursos el Ingeniero Aquiles Córdova Morán, es la unidad y la lucha consciente de los pueblos.
Por lo tanto, si queremos enfrentar con éxito los retos que se avecinan, es necesario que el pueblo mexicano, unido, educado y organizado, genere una poderosa fuerza capaz de defender su soberanía.