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La Verdad del Sureste

Urdimbres y texturas

HACE FALTA CONOCER QUE ES UNA ZONA ESPECIAL



 
Imaginemos que se abre una puerta dimensional en la zona sureste del país; esa puerta dimensional permitiría la entrada de todo, sin distinción de ninguna clase; ahora, llevemos esa imagen al plano económico.  Esta comparación da pie para reflexionar respecto al papel que juegan las Zonas Económicas Especiales (ZEE). El tema ha saltado al análisis en las columnas periodísticas, debido al recurso enviado por el presidente Enrique Peña Nieto a la Cámara de Diputados, para la creación de zonas económicas que faciliten la inversión extranjera directa, entre otras medidas. Se dice que “hace falta desarrollar al sur”, y porque no es posible que se viva en dos realidades en nuestro país, haciendo alusión a los niveles desproporcionados de marginación, pobreza, y un sector pequeñito de privilegiados.
    El contexto en el que nace esta iniciativa tiene que ver con las zonas propuestas: Se ubicarán en Puerto Lázaro Cárdenas, entre Michoacán y Guerrero; en el Corredor Interoceánico de Tehuantepec, entre Veracruz y Oaxaca; y  el Puerto Chiapas. Como puede apreciarse, todas son zonas de conflicto, marginación, y pobreza extrema.
    No es que uno venga a romper el encanto, pero si es necesario dejar claro de qué se trata la implementación, estructurada, pensada, y analizada, de una Zona Económica Especial. Para empezar, es necesario definir qué es: La implementación de una ZEE tiene como objetivo generar efectos propagadores de empleo, inversión extranjera directa, transferencia de tecnología, cadenas industriales y comerciales, entre otros beneficios para el país que proporciona ésta. (Bloomberg).
    Es decir, son espacios para propiciar el crecimiento económico, dotar de capacitación al capital humano que se beneficiará a lo largo de la geografía establecida para impulsar ese desarrollo económico. Se ha establecido a partir de algunos defensores abiertos de dichas estrategias que serán beneficiosas, dándoles tintes atractivos desde la visión empresarial, pero no debe olvidarse que esas zonas a las que se refieren presentan situaciones especiales que de antemano deben verdaderamente solucionarse: hambre, pobreza, escaso acceso a la educación. En algunos casos particulares como el Soconusco, en Chiapas, sabe perfectamente en qué consiste el ejercicio de la exportación de productos, donde la explotación está basado en el migrante y la mano de obra infantil.
    Se puede tener la buena intención de potencializar al sur, pero hay situaciones pendientes qué solucionar. Se habla de opciones como abrir no sólo participación extranjera en estos territorios, sino que se establezcan empresarios nacionales,  grupos, o entidades registradas ante una comisión reguladora que vigile la actuación de estos cuerpos en las zonas destinadas al establecimiento de las ZEE.
    Esto recuerda aquella estrategia porfirista de establecer las llamadas compañías deslindadoras que fraccionaran, midieran, valuaran los terrenos baldíos o de propiedad nacional para su adjudicación a migrantes extranjeros y ciudadanos mexicanos que desearan establecerse en esos terrenos, con extensión máxima de 2 mil 500 hectáreas. El asunto terminó feo, pues muchos pueblos de indios fueron despojados. La intención aparentemente era buena: se buscaba poblar zonas alejadas, pero acabó destruyendo comunidades como una trágica ironía.
    Aquí no se trata de estrategias económicas que han funcionado en otros países (China), porque se implementen en geografías distintas. Además hay mitos de desarrollo que en realidad esconden situaciones brutales.
    Tabasco es sumamente importante no sólo por su capacidad en recursos naturales, y lo que ofrece a sus habitantes, bien puede ser un polo de desarrollo sumamente significativo para el resto del país, pero regulado sustentablemente. El equilibrio que existe en la entidad es de tal magnitud que en su interior sobreviven formas de organización social que sólo aquí es posible, identificados con uno de los procesos cotidianos que hacen de la entidad un atractivo a nivel nacional: su comida. Debe recordarse que si el ingrediente se extingue, la comida desaparece. Sin alimento no hay vida. Si los verdes de Tabasco desaparecen, ¿qué va pasar después? Aunado a la explotación petrolera debió contemplarse un sano desarrollo alterno, productivo, pero esa parte se olvidó; los efectos de la petrolización no fueron del todo positivos, sobre todo en el marco de la cultura y la historia de la vida cotidiana en Tabasco.
    Las Zonas Económicas Especiales requieren de vigilancia para cumplir con su función: generar empleos, y si se dan cadenas de suministro, comerciales, etc, reclaman personal especializado. Se hace necesario capacitar el capital humano que se tiene ya en cada entidad donde se pretende llevar a cabo esta estrategia.   Algunos economistas señalan su preocupación ante el panorama de la implementación de dicho instruento; más valdría –dicen-, observar el manejo del Presupuesto Federal y lo que requiere llevar a cabo el establecimiento de las ZEE. Quizá por eso el secretario de Hacienda, Luis Videgaray prefiere guardarse el comentario cuando le preguntan sobre el ejercicio del presupuesto para desarrollar la iniciativa Peña Nieto. Quizá por eso sólo acota: “está establecido en el presupuesto federal”.  Y no hablemos del gasto gubernamental. Hasta aquí.  

 

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