Urdimbres y texturas
ACTIVISTAS EN MEDIO DEL FUEGO
*El grave riesgo de defender las causas de la humanidad
“Mexicanización” es la palabra usada para designar o señalar el crimen contra Marielle Franco, ocurrido el pasado miércoles en Brasil. Era Concejal del Partido Socialismo y Libertad, además de activista por los derechos humanos, particularmente, de los derechos de las mujeres negras en las favelas en Rio.
Un auto se acercó al suyo mientras circulaba por la ciudad, y desde el interior dispararon nueve veces. Marielle y su chofer murieron en el acto, su asesora sobrevivió.
El crimen ocurre en uno de los momentos más importantes políticamente hablando, pues Michel Tamer presidente de Brasil entregó al ejército el control del orden público, ante los escenarios de violencia que se han suscitado. Franco, asumió en su momento una postura crítica ante la militarización de la urbe, de hecho se le había designado para fiscalizar el trabajo del ejército en las favelas.
Y así el fuego acrisola a más y más activistas por los derechos humanos, por el medio ambiente, y por una larga lista de situaciones que cada vez es más demandante en este mundo, que requiere de denuncia, seguimiento y recordar constantemente lo que somos juntos: humanos.
El domingo 18 el buscador de Google colocó un recordatorio para muchos; para otros, es seguro que leyeron por primera vez sobre Isidro Baldenegro López, activista rarámuri que defendía los bosques de Chihuahua, México. El buscador digital conmemoró su nacimiento.Su historia, como activista por la preservación de los bosques de pino y roble de la Sierra Madre Occidental, nos recuerda que seguimos atrasados en conciencia, y que ponderamos con urgencia el consumo y deterioro del medio ambiente.
A Isidro lo mataron un 15 de enero de 2017, probablemente conocía a su asesino quien le disparó a poca distancia.
Como él, muchos ambientalistas han pagado un precio sumamente elevado por sus luchas. Metas que deberían involucrarnos a todos, porque al final de cuentas, el entorno nos hace, somos, y comemos de él.
Isidro Baldenegro recibió el premio ambiental Goldman en 2005, y dedicó su vida a dar continuidad a una acción que su padre también hacía, cuidar de la sierra.
Los Derechos humanos, nos significan una toma de conciencia del ser, y los ambientalistas nos recuerdan que esa conciencia del ser se enlaza con un intrincado equilibrio, que enlaza en un bucle: la salud, la naturaleza, y las emociones, que nos lleva a enraizar la vida.
Con cada defensor de derechos humanos asesinado, con cada defensor de la naturaleza masacrado, matan la vida. De qué tamaño es la inmediatez de los dividendos que lleva talar un bosque, dominar y matar mujeres, que alguien que alce la voz para exigir justicia, para advertir del deterioro que otros cometen, merezca ser asesinado.
De qué tamaño es, lo que vivimos en México, en relación a la violencia, que en vez de decir: ejecutaron, dicen la mexicanización de la violencia; quizá porque el grado que alcanzamos es tan oprobioso que a matarnos entre nosotros nadie nos gana.
Grave también que los activistas sociales vivan a salto de mata, en precariedad y pobreza porque la mayoría no considera la enorme utilidad de su trabajo.
Isidro, Berta, Marielle, se suman a la lista cada vez más gorda de activistas asesinados. Si revisa por curiosidad, querido lector, cada año son víctimas mortales 30, 40 activistas en América latina; no existe voluntad de protegerlos, tampoco de trabajar en equipo, por la defensa –reitero- de algo tan elemental: el pan que comes, viene del campo, la ciudad en que vives, es una construcción humana, trazada por humanos, y sus leyes hechas por otros humanos que confiaron en ellas para una plena y justa convivencia. ¿De qué se trata entonces?