VECINOS REALMENTE DISTANTES
El presidente Donald Trump ganó la elección presidencial en 2016, ofreciendo al electorado estadounidense contener la arribazón descontrolada de inmigrantes e indocumentados. Esta propuesta, junto con otras de ese mismo calado, le fue avalada por la mayoría de los estadounidenses.
Como era natural, en las regiones y zonas donde se concentran la mayor cantidad de migrantes mexicanos, la propuesta generó polémica y molestia, pero aun así Trump ganó la elección.
Dentro de su política migratoria sobresale la idea de erigir un muro fronterizo que impida, no sólo a los mexicanos, sino también a los centroamericanos, que se internen ilegalmente y sin documentos al territorio estadounidense.
El presidente Trump visito este martes 13 de marzo al Estado de California con el fin de evaluar los prototipos de muro a usar en su proyecto. California es un Estado que Trump perdió por más de 4 millones de votos en la elecciones de 2016, dado que California es un territorio donde se concentra la mayor cantidad de migrantes mexicanos e hispanos.
La franja de tierra de 3.200 kilómetros que marca el límite entre México y Estados Unidos es zona de paso –no solo de seres humanos y semovientes sino también de mercancías-, de intensa actividad comercial y uno de los escenarios de la cruzada del presidente Trump contra la inmigración del sur. Este es el punto central desde el cual ya se debe, en nuestro país, estar abordando el tema.
Porque mientras Trump distrae a nuestros gobernantes y a la mayoría del público con la expresión “construcción del muro fronterizo”, realmente ha levantado una buena cantidad de muros y barreras.
Ejemplo de ello es el reciente arancel o carga impositiva al acero y al aluminio, que aunque nos eximió de su pago, el significado es precisamente de una barrera o un muro.
Porque si se ve con precisión el tema de erigir un muro, entendido esto literalmente (como construir una pared o sembrar láminas de acero divisorias en la frontera con México) se pierde de vista que ya ese muro existe físicamente hace décadas, puesto que hay más de 1.300 kilómetros construidos.
Entonces, reducir la política migratoria del presidente Trump al simple hecho de edificar un muro o una barrera física en nuestra frontera, es permanecer hundido en una visión miope y falsa de dicha política.
¿A poco no es un muro o una barrera de contención nuestra diferencia de lenguaje? Mientras la población estadounidense se comunica con el idioma inglés, nuestro pueblo lo hace mayoritariamente con el castellano y otras 64 lenguas autóctonas.
¿O acaso no es un muro o una barrera infranqueable el que México le tiene que vender más del 80 por ciento de sus productos a Estados Unidos, mientras el imperio del norte tiene un abanico muy amplio para comprarles esos mismos productos a más de 60 países que no sea el nuestro?
¿Acaso no es un muro o una barrera la cotización de la moneda nacional que implica que los mexicanos tengamos que dar 19 de nuestros pesos por un dólar americano?
¿Acaso no es un muro o una barrera inexpugnable el que Estados Unidos sea una potencia económica y México, simplemente un país en vías de desarrollo? ¿Acaso no es un muro o una barrera el hecho de que en Estados unidos el ingreso per cápita sea de 500 porcientos más alto que el de los mexicanos y que en Estados Unidos la distribución de la riqueza sea más equitativa, mientras en México prevalece una pavorosa desigualdad social y económica?
¿Acaso no es un muro inmensamente alto el que Estados Unidos mantenga en funcionamiento -a un 90 por ciento en promedio- más de 150 refinerías, mientras en México las seis refinerías que sobreviven funcionen a un 35 por ciento de su capacidad?
Es más ¿Qué acaso no es un muro o una barrera inmensa el que Estados Unidos tenga bombas atómicas y portaaviones, mientras nuestro país solo “bombas yucatecas” y el buque insignia “Cuauhtémoc”?
Alejémonos de eufemismos y distractores; hay muros intensamente grandes que no son físicamente palpables y que son la base central de la política migratoria de Donald Trump.