Los días 25 y 26 de octubre de 1846, la capital tabasqueña resiste con la táctica de guerra de guerrillas, el ataque de dos vapores y tres buques de vela de la armada norteamericana, al mando del Comodoro Perry.
Los guerrilleros, en las orillas del Río Grijalva, no permitieron el desembarco de los invasores, logrando levantarse victoriosos con la verecunda retirada del ejército de la potencia del norte, que con más de 600 marines no pudo con 250 guerrilleros mexicanos.
El Coronel Juan Bautista Traconis, a la sazón Gobernador y Comandante General del Estado de Tabasco, prefirió que las gruesas baterías cañonearan la ciudad, destruyendo muchos edificios, antes que rendir la plaza y capitular ante el enemigo.
Dejemos que sea el propio Comandante militar, Coronel Traconis, quien narre el suceso, en el Parte de Guerra que rindió al entonces Ministro de Guerra y Marina de nuestro país.
Comandancia General del Estado de Tabasco.- Número 48.- Excelentísimo señor.- El día 21 del corriente se presentaron frente a la barra de este río dos buques, que por sus maniobras parecían sospechosos.
Sin embargo, salió el práctico a reconocerlos y lo apresaron. Lo que visto por el Com
andante del pueblo de la Frontera, mandó a la falúa de la Aduana para hacer un nuevo reconocimiento, el que verificado, resultó que se supiese de cierto que muy fuera de la barra había dos buques, siendo uno de ellos goleta, que por la distancia no se le pudo reconocer la bandera.
Al día siguiente, como a las dos de la tarde, se presentaron ya todos los buques muy perceptiblemente, en número de siete, siendo tres de vapor y los demás de vela, haciendo todos por el puerto, al que llegaron inmediatamente, sin oposición alguna [...]. Posesionado el enemigo de la Frontera, tomó los vapores nacionales Tabasqueño y Petrita, el pailebot Amado y varias otras embarcaciones de particulares que estaban allí, haciendo uso del segundo de estos vapores para la expedición que efectuó al siguiente día el Comodoro de la escuadrilla sobre esta capital, a la que llegó el 25, como a las dos de la tarde, con sólo dos vapores y tres buques de vela que traían más de seiscientos hombres de desembarque y artillería de grueso calibre.
Al momento mandó un bote a tierra con bandera de parlamento, y una comisión compuesta de dos oficiales de marina y un intérprete, que me manifestaron a nombre de su jefe que yo le rindiera la capital sin condiciones, pues en caso contrario la destruiría con sus fuegos.
Yo les contesté que podía hacerlo cuando gustase; pero que defendería la ciudad y el honor de las armas que mandaba, mientras contase con cuatro soldados y un cabo.
La comisión regresó a bordo de la escuadra, ofreciéndome traer la respuesta, que se redujo a darme veinticinco minutos de término para que accediera a su propuesta, que deseché con menosprecio.
Pasado este tiempo rompió el enemigo sus fuegos; pero yo había tomado mis medidas para que no me ofendieran, dividiendo a mi fuerza (que no pudo pasar de doscientos cincuenta hombres por falta de armamento), en guerrillas de veinte a treinta hombres, que coloqué en lugares que impidieran el desembarque de los americanos, y que a la vez estuvieran resguardadas de la metralla y bala de los buques de guerra, conservando yo una reserva de ochenta hombres con dos piezas de campaña para acudir a los puntos que conviniese.
Este plan de operaciones surtió el más buen éxito, pues apenas intentaban los americanos poner un pie en tierra, cuando una lluvia de balas los hacía retroceder, con una pérdida que al fin les hizo desistir de su intento.
Entonces apelaron al medio bárbaro y tan reprobado por el derecho de gentes, de destruir con sus baterías la ciudad, la cual ha quedado sumamente maltratada, principalmente la parte que mira al río, pues hay edificios que casi han desaparecido completamente.”
Al segundo día, 26, continuó sus fuegos el enemigo, y yo mi mismo plan de defensa, hasta que convencido aquel de su impotencia y acobardado más todavía con los daños que resentía, se determinó a abandonar el río y a regresar a la Frontera, en donde está lo demás de sus fuerzas; pero para facilitar su retirada pidió un parlamento que le concedí, según verá vuestra excelencia en el impreso adjunto, sin dejar de tomar mis precauciones, pues bien conocía los pérfidos proyectos del Comodoro de la escuadrilla.
Al fin emprendió su marcha en medio de nuestros fuegos, que le rompimos desde el momento que nos llegamos a persuadir de sus ardides, pues además se valió de Don Jaime Chabot, comerciante inglés residente en esta plaza, para que yo cesase de batirlo.”
Al verificar su vergonzosa fuga, se llevó, valiéndose de la superioridad incontestable que le proporcionaban su artillería de grueso calibre y sus vapores, todos los buques que estaban en el río, quemando cerca de Acachapan dos que le estorbaban para continuar su retirada de una manera fácil y expedita.
