• La Verdad del Sureste |
  • Sábado 28 de Febrero de 2026

VOZ UNIVERSITARIA

LA CULTURA NEOLIBERAL EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Publicado el:

Héctor Valencia Reyes


(Profesor e Investigador de la Licenciatura de Historia de la UJAT)

El Presidente Andrés Manuel López Obrador dice que el neoliberalismo le cambió el rumbo a la Educación Superior en México, que determinó el funcionamiento de las universidades bajo la lógica del mercado y bajo los intereses de los sectores productivos hegemónicos y las compañías trasnacionales. Su discurso tiene razones de sobra, tiene como base cientos de artículos, ensayos y pronunciamientos diversos, realizados por distintos investigadores educativos en los últimos 30 años.
Así, la posición y los señalamientos del Presidente, de que los gobiernos anteriores establecieron una política educativa para privatizar la educación, para beneficiar las necesidades formativas que impuso el mercado, bajo la tesis de la modernización y la calidad educativa, la excelencia académica y las sociedades del conocimiento, está más que sustentado en publicaciones de diversos libros y en trabajos de investigación divulgados en revistas de prestigio académico.
Esa política educativa les exigió a las universidades públicas que cambiaran sus modelos educativos, que se apegaran a los lineamientos que la SEP y la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES) establecieron como prioritarios. En ese proceso, las universidades elaboraron sus Planes Institucionales de Desarrollo, señalando explícitamente que su función académica y social era: formar recursos humanos para las necesidades de los procesos productivos emergentes y el mercado de trabajo, delineados por las empresas nacionales y trasnacionales. Así, el funcionamiento de la Educación Superior se adaptó a los intereses de las élites nacionales y extranjeras.
A la par de la modificación de los modelos educativos, los gobiernos del PRI y del PAN crearon programas educativos que, bajo una concepción pragmática, concibieran y practicaran el discurso de la educación basada en competencias; también establecieron sistemas de simulación de la evaluación de las funciones sustantivas: la docencia, la investigación, la difusión de la cultura y la extensión universitaria, que crearon una cultura burocrática y tecnocrática en las universidades, que se preocupó más por mantener indicadores cuantitativos que cualitativos. Que consolidó grupos, cuya función fue: reproducir la cultura de apegar la formación de las nuevas generaciones a la funcionalidad del mercado, en vez de asumir posiciones de compromiso social, en función de las necesidades más apremiantes de la población.
Esa cultura generó que la formación universitaria se planeara en función de principios que reivindica la globalización, bajo la lógica funcional del mercado y la producción, en detrimento de los valores humanistas y nacionalistas, que habían definido el deber ser de la universidad mexicana a través de su historia. Fue una formación que solapó la corrupción, el autoritarismo, la simulación el plagio y el acoso sexual en muchos espacios de las instituciones educativas.
Esa política educativa modificó la personalidad de muchos universitarios, que se preocuparon más por constituir grupos de poder, para adaptarse a las nuevas reglas funcionales y recibir los beneficios económicos oficiales, que definieron su proyecto universitario, su cultura e identidad, a partir de ser reproductores del discurso y las prácticas hegemónicas. Se convirtieron en sujetos que definieron el horizonte de su vida universitaria en el tener un mejor sueldo, becas, constancias, títulos y poder. Sujetos que se olvidaron de su deber ser, de su ética, sus principios profesionales y su compromiso social.
Sí, el Presidente tiene bien claro eso; entonces, abrigamos la esperanza de que su proyecto de gobierno, será capaz de impulsar (estructuralmente) un nuevo modelo educativo nacional, con programas, estrategias y negociaciones, que convenzan a las élites de las universidades y a los universitarios, de cambiar el rumbo de las instituciones y de su cultura, bajo una perspectiva humanista, de compromiso y cambio social, que contribuya a la justicia social.