• La Verdad del Sureste |
  • Sábado 28 de Febrero de 2026

VOZ UNIVERSITARIA

Ciencia con conciencia y compromiso social

Publicado el:

Por Mtro. Héctor Valencia Reyes




Para el sociólogo y pedagogo José Manuel Valencia.
En nuestro país, la educación superior pública es muy sui generis, históricamente, está determinada por las demandas sociales que establecieron los obreros y campesinos en las protestas de 1958 y, adquirió rasgos significativos en el movimiento estudiantil de 1968 y los movimientos sociales subsecuentes, que influyeron en que las Instituciones de Educación Superior ampliaran su cobertura y abrieran sus espacios a los sectores populares.
En México la educación pública es producto de las luchas sociales. Por ello, las instituciones educativas tienen un deber ser, su misión educativa, cultural y política en función de las necesidades de los diversos sectores de la sociedad. Por ello, el proyecto educativo que nació de la lucha social, asumió en la Educación Superior, el compromiso social de desarrollar la docencia, la extensión universitaria, la difusión del saber y, sobre todo, la investigación, a partir de los dilemas y problemas que enfrentaban los mexicanos.
Esa perspectiva se asumió, no solo porque las instituciones de educación públicas, operan y funcionan a partir de los recursos públicos; es decir, su presupuesto, proviene de los impuestos que pagamos todos los mexicanos. En la Educación Superior, esa postura se asumió porque los universitarios adquirieron la conciencia social, de que su deber ser era el de contribuir al desarrollo social, cultural e intelectual de todos los sectores sociales; para aportar a la consolidación de una sociedad, que evolucionará y viviera bajo una verdadera justicia social.
Así, los universitarios se fijaron metas, para analizar y contribuir a la comprensión de los fenómenos que significaban un obstáculo para el efectivo desarrollo social. Por ello, las comunidades de académicos y de estudiantes de las universidades públicas, decidieron asumir que su misión era la de analizar y elaborar alternativas de solución ante los problemas de salud y educación, del desarrollo industrial, de la administración pública y el poder, de la producción agraria, del atraso tecnológico, sobre los conflictos laborales, el crecimiento y la construcción de ciudades, sobre la corrupción, las injusticias y muchos más problemas, que obstruían el progreso efectivo del país.
Con ello, con las herramientas de la ciencia y el saber y, con una base de principios sociales, los universitarios se convirtieron en la conciencia crítica del país, los especialistas que analizaban nuestras problemáticas y que construían alternativas e innovaban. Se legitimaron y definieron su cultura e identidad universitaria haciendo ciencia con conciencia y compromiso social.
Esa perspectiva, aún es el motor de muchas universidades, de una gran parte de los sectores diversos que constituyen los universitarios. Es una posición que luchó y sigue enfrentándose a la cultura individualista y burocrática impuesta por el neoliberalismo en las instituciones educativas, que considero que el funcionamiento de las universidades debía darse en a partir de las dinámicas e intereses del mercado, impuesto por las compañías trasnacionales.
Esos universitarios, resistieron y siguen luchando por una educación humanista, porque se formaron con una conciencia social y fincaron su quehacer académico y cultural, pensando en el bien colectivo, en usar sus conocimientos para contribuir al bienestar de los mexicanos más desamparados y que viven en la pobreza, la marginación y la injusticia social. Siguen luchando contra los cotos de poder, el clientelismo burocrático y las simulaciones que estableció, como norma a seguir, el neoliberalismo en las universidades.
Por eso, hoy que en México se cuestiona, replantea y discute el deber ser de los investigadores, educadores y difusores de la cultura; los universitarios, no olvidamos que tenemos obligaciones sociales e históricas, que definen nuestra ética; que tenemos nuevos retos emergentes que deben ser atendidos con integridad científica, con conciencia crítica y con una praxis social, para retribuirle a la sociedad, lo que nos aporta para que existamos y funcionemos.