Eso se dio así, porque la educación sirvió como un medio para socializar y moralizar la vida de los ciudadanos, dentro de los límites y dominio del Estado; dentro de un modelo de desarrollo, en el que todo el sistema de regulación y las instituciones, vieron a la educación como el medio ideal para aculturar y enajenar a las nuevas generaciones, para que reprodujeran el estatus quo.
A través del tiempo, esta manera de ver la educación ha tenido diversos rostros, teorías que la han legitimado: el positivismo y el darwinismo social, el funcionalismo y el conductismo, etc. En cada etapa histórica, el Estado ha usado las dizque teorías más modernas, para el establecimiento de proyectos y modelos educativos, que le generen aceptación, credibilidad y reproducción social; es decir, control político sobre la sociedad.
En México, el único gobierno que no ha impuesto un modelo educativo, ni realizado una reforma educativa integral, como razón de Estado, es el de la Cuarta Transformación. Se derogó la reforma Educativa de Peña Nieto, se establecieron nuevos parámetros para administrar la educación: becas, mejores sueldos, universidades, etc. Y se intenta generar un cambio significativo en la enseñanza básica con una propuesta, que se sintetiza la llamada escuela nueva. Pero de fondo, la 4T, no ha modificado el modelo educativo, que estructuralmente, el neoliberalismo impulso en la enseñanza media y superior.
En esa dinámica, no son suficientes las críticas a la educación neoliberal, a la corrupción, autoritarismos y clientelismos que generó en las escuelas mexicanas. En el contexto en que vivimos, el Estado debe movilizar a los ciudadanos, a los maestros, a los intelectuales y estudiantes, para que repiensen la educación nacional, para que redefinan los objetivos de un modelo nacional de educación, que integralmente rearticule la educación de todos los sectores y todos los niveles, bajo una misma perspectiva.
El proyecto de la 4T debe convocar a todos los involucrados con el tema: expertos en educación, los actores sociales del sector educativo, empresarios e industriales, a los obreros, a los campesinos, a las mujeres, a los jóvenes, a los indígenas y a todos los grupos que exigen la inclusión social. El Estado los debe coordinar, para que expresen sus necesidades educativas, para que expongan propuestas y análisis acerca de cómo la educación debe contribuir a la consolidación de un modelo de desarrollo con igualdad y justicia social.
El Estado mexicano y la 4T, tienen claro que el nuevo modelo debe darse bajo una educación humanista, que forme a los mexicanos con principios y conciencia social; que sea una educación comprometida con los problemas de los distintos sectores sociales, que innove en la ciencia y que contribuya a fincar las bases de un país menos corrupto, más incluyente y con más equidad.
En el proceso, el Estado deberá estar atento a los análisis y propuestas de la sociedad civil, para concretar y legitimar un modelo educativo en el que las razones del Estado y los objetivos de la 4T, sean parte de las razones y necesidades de la sociedad y los diversos sectores sociales.
Por ello, cabe decir que, sí el Estado y la Cuarta Transformación, no logran consolidar una reforma educativa integral, su idea de cambiar la mentalidad, cosmovisión y principios de los mexicanos, bajo una concepción humanista, solo quedara en buenas intenciones.
