Aplaudan, no dejen de aplaudir
@UTufigno
Los ciudadanos de a pie, los que no nos prestamos a los juegos perversos del poder y de la corrupción, tenemos distintos motivos para protestar contra las políticas gubernamentales; unos tendrán mejores razones que otros, pero siempre habrá una causa que justifique nuestras expresiones de descontento en las calles como un recurso válido ante la desatención de las autoridades incompetentes. Sé que habrá quienes digan que están en contra de las movilizaciones y que ni por asomo se manifestarían en las calles… hasta que se ven afectados directamente en su persona, bienes o familia.
He conocido más de un caso en el que mi interlocutor se ha sonrojado cuando lo descubro entre los manifestantes, pero le ahorro las explicaciones con una sonrisa y un: -¡bienvenido! No tengo claro en cuántas movilizaciones hice acto de presencia el año pasado, pero sin duda la suela de mis tenis sufrió un severo desgaste por los kilómetros andados. Al final, como canta Serrat, lo que cuenta es el camino que hacemos al andar. Ah, pero no todo se queda en el contingente que camina hombro con hombro, sino que también hay espacios para las voces que gritan, preparan e improvisan todo tipo de consignas. ¡Zapata vive, la lucha sigue!
Es cierto que hay coros que merecerían actualizarse (‘el pueblo unido…’) y otros cuyos contenidos son la versión políticamente incorrecta de lo mismo que cuestionan (‘educación primero, al hijo del obrero; educación después…’). Pero hay otros que permanecen inalterables y que surgen cuando la ocasión lo amerita: -¡aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche gobierno se tiene que morir! ¿Acaso a Peña Nieto lo traicionó el subconsciente cuando, al finalizar la presentación del investigador que lo va a investigar, dijo que ya sabía que sus invitados no aplaudían? Porque tal vez el hecho de no aplaudir es una especie de invocación para que no se muera el “pinche gobierno”. ¿O realmente Peña esperaba ser aplaudido ese día?
No sé quién sea el consejero estrella del hombre del copete, lo que sí me queda claro es que nadie con más de un dedo de frente puede tomar con seriedad la designación del Inspector Ardilla al frente de la extinta Secretaría de la Función Pública. Pero, ¡alto! ¿Cómo que extinta Secretaría? Así es, dicha dependencia ya no existía en la ley, salvo en una disposición transitoria que la mantenía con vida artificial, hasta que el ocupante de Los Pinos decidió convertirla en un zombi con el propósito de inmolar a su creador. Aunque todo es posible, nadie fabrica una corbata para ahorcarse con ella.
El nuevo titular de la Función Pública, Virgilio Andrade, es un hombre hecho a imagen y semejanza de los tecnócratas neoliberales del tricolor ya que forma parte de la misma casta que desde mediados de los años 80’s se apoderó de México, y por ello su corazón le será leal a su grupo. Con todo, una vez hecha su presentación en sociedad, Andrade recibió su primer encargo: investigar los posibles “conflictos de interés” entre su creador y Grupo Higa, la empresa favorita de los gobiernos federal y del estado de México. Sin embargo, muy pronto el Secretario desobedeció a su jefe ya que sólo tardó unas horas en afirmar que no investigaría la compra de las casas de Peña ni la de su amigo Luis Videgaray, sino únicamente los contratos asignados a la empresa. ¿Y entonces?
No se necesita ser un genio para anticipar los resultados de la real o supuesta investigación que hará el amigo de los investigados. Y no solamente por mal pensados, sino también porque nuestra legislación carece de un marco adecuado para sancionar el “conflicto de interés”, concepto que recae más en el ámbito de la ética y los principios, algo que nuestra clase gobernante desconoce. Pero alégrense porque hay lugar para el optimismo. Según dijo Peña al presentar a Andrade, a partir de mayo los servidores públicos deberán declarar posibles “conflictos de interés”, diseño que “cuenta con el aval de los expertos” de la OCDE, cuyo Secretario General es José Ángel Gurría, quien si algo garantiza es imparcialidad. ¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el piche gobierno se tiene que morir